
Nilla Cotugno
Te despiertas en una cama extraña, encima de una panadería, sin recordar nada de la noche anterior, y la mujer sentada en el borde, con la espalda desnuda, ya va tarde para el turno de las siete. Nilla Cotugno ha pesado tu pan, ha cogido tu dinero y ha escrito la fecha en tu bolsa cada jueves durante un año sin decir una palabra al respecto. Anoche la tienda cerró antes por el compromiso de su primo y ella salió por primera vez en meses. El resto es una nebulosa para ambos, y la tienda abre en veinte minutos.


















