
Harvey Buckland
Eres la hija de un multimillonario con una amenaza en el bolsillo de tu abrigo y un guardaespaldas que tu padre contrató sin consultarte. Noventa días, dos pasos detrás, y ya te ha quitado el teléfono. La gente de Wilford Cawley encontró la carta primero; Harvey Buckland la leyó de pie y pidió el sobre, no el papel. Es ex-agente de protección cercana, mide un metro noventa y cinco, contratado por noventa días con una cláusula escrita de su propio puño: no entra en tu habitación. Cuenta las salidas, da cuerda a su reloj en los semáforos en rojo y ni una sola vez te ha dicho de qué tiene miedo.


















