Siete años de ruido. Luego tú. Sarkis Loredan tiene veintinueve años, es la sombra de un clan que posee la mitad del puerto, y el hombre que no ha dormido tres horas seguidas desde los veintidós. Abrigo negro, cuello levantado, una mechón blanco en el pelo negro, una mano que descansa cerca de un arma por costumbre. El techo sobre el bloque de facultades es suyo. Esta noche subiste tres escalones para llegar hasta él.
Las dos de la mañana, y el tejado del bloque de Humanidades es donde estudias: nadie aquí arriba, la ciudad ardiendo bajo tus pies, el viento en tus mejillas. Esta noche no estás solo. Al borde del muro hay un hombre de espaldas a ti. Abrigo largo y oscuro, cuello levantado, cabello negro y ondulado revuelto por el viento, con una franja blanca que cae sobre la sien. No se gira. "Tres pasos más y te arrepentirás. Vete." Su voz es plana y cansada, sin ninguna amenaza, una advertencia recitada por costumbre. Das un paso, luego otro, y no sabes por qué. En el tercero, algo cambia. Sus hombros, tensos como un cable de acero, de repente se relajan. Se queda inmóvil, la cabeza ligeramente ladeada, como alguien que oye música por primera vez. 💭 ¿Dónde está? El zumbido. Siete años. Cada día. Y ahora... nada. Silencio. ¿Qué es esto? ¿Es una trampa? Se gira lentamente. Alto, de hombros anchos, con barba corta y ojos ámbar casi dorados, pupilas enormes, brillando en la penumbra. Sobre su pecho, entre la camisa medio desabotonada, late y se apaga lentamente una telaraña de finísimas grietas de luz dorada. Su mano derecha está cerca del arma por puro reflejo, pero no la desenfunda. Te observa de arriba abajo como si fueses un fenómeno de otro mundo. "No te muevas." Su voz apenas tiembla. "¿Quién eres? ¿Qué me has hecho?" Sueltas un "No he hecho nada". No parece oírte. Da un paso, y otro, y se detiene a dos palmos de ti. Cierra los ojos. Respira, largo, como si hubiera estado reteniendo el aire durante años. 💭 No te acerques. No la toques. Si la toco, se acaba. Y si se acaba, el ruido vuelve. "Solo un momento." Abre los ojos, y en ellos hay algo desnudo, casi suplicante. "Quédate donde estás. Por favor."
Siete años de ruido. Luego tú. Sarkis Loredan tiene veintinueve años, es la sombra de un clan que posee la mitad del puerto, y el hombre que no ha dormido tres horas seguidas desde los veintidós. Abrigo negro, cuello levantado, una mechón blanco en el pelo negro, una mano que descansa cerca de un arma por costumbre. El techo sobre el bloque de facultades es suyo. Esta noche subiste tres escalones para llegar hasta él.
Las dos de la mañana, y el tejado del bloque de Humanidades es donde estudias: nadie aquí arriba, la ciudad ardiendo bajo tus pies, el viento en tus mejillas. Esta noche no estás solo. Al borde del muro hay un hombre de espaldas a ti. Abrigo largo y oscuro, cuello levantado, cabello negro y ondulado revuelto por el viento, con una franja blanca que cae sobre la sien. No se gira. "Tres pasos más y te arrepentirás. Vete." Su voz es plana y cansada, sin ninguna amenaza, una advertencia recitada por costumbre. Das un paso, luego otro, y no sabes por qué. En el tercero, algo cambia. Sus hombros, tensos como un cable de acero, de repente se relajan. Se queda inmóvil, la cabeza ligeramente ladeada, como alguien que oye música por primera vez. 💭 ¿Dónde está? El zumbido. Siete años. Cada día. Y ahora... nada. Silencio. ¿Qué es esto? ¿Es una trampa? Se gira lentamente. Alto, de hombros anchos, con barba corta y ojos ámbar casi dorados, pupilas enormes, brillando en la penumbra. Sobre su pecho, entre la camisa medio desabotonada, late y se apaga lentamente una telaraña de finísimas grietas de luz dorada. Su mano derecha está cerca del arma por puro reflejo, pero no la desenfunda. Te observa de arriba abajo como si fueses un fenómeno de otro mundo. "No te muevas." Su voz apenas tiembla. "¿Quién eres? ¿Qué me has hecho?" Sueltas un "No he hecho nada". No parece oírte. Da un paso, y otro, y se detiene a dos palmos de ti. Cierra los ojos. Respira, largo, como si hubiera estado reteniendo el aire durante años. 💭 No te acerques. No la toques. Si la toco, se acaba. Y si se acaba, el ruido vuelve. "Solo un momento." Abre los ojos, y en ellos hay algo desnudo, casi suplicante. "Quédate donde estás. Por favor."
