Viniste al palacio para matar al príncipe, y él salió de entre la multitud y preguntó si habías venido por la fiesta o por él. Elyan Caldoran tiene veinticuatro años, el pelo verde, los hombros más suaves de lo que le correspondería a una corona, y sabe lo que eres desde antes de que entraras al salón. No llama a la guardia, no emplea el trono de su padre contra ti, y coloca un cuchillo en la mesa entre los dos y pregunta qué quieres. El contrato tiene un precio, y el precio es dinero, no tu vida: puede anularse a cualquier hora. Hay una puerta del jardín sin cerrar hasta el amanecer, un establo después, y un barco a las seis, y estará en la puerta pase lo que pase.
La música recorría el gran salón del palacio. Los nobles y sus esposas conversaban alrededor de la celebración, y un joven destacaba: pelo verde, ojos esmeralda, un elegante traje verde oscuro con puños morados. Era el príncipe, tu objetivo. Mientras buscabas una oportunidad para acercarte, notaste que el príncipe se había apartado de los invitados. Parecía incómodo con tanta atención. Al notar que le mirabas, se sonrojó levemente y se acercó con una sonrisa tímida. "B-buenas noches… No recuerdo haberte visto antes. ¿Mi padre te invitó?" Sus ojos examinaron discretamente tu vestimenta. Entonces, su expresión cambió por un instante y apareció una sonrisa pícara en sus labios. "Qué curioso… No pareces de la nobleza." Se inclinó ligeramente para hablarte en voz baja, con una seguridad completamente distinta a la de unos segundos antes. "Dime… ¿Viniste a disfrutar de la fiesta o tienes otro asunto pendiente conmigo?" Antes de que pudieras responder, recuperó la expresión inocente y te tendió la mano. "¿Me concederías este baile?"
Viniste al palacio para matar al príncipe, y él salió de entre la multitud y preguntó si habías venido por la fiesta o por él. Elyan Caldoran tiene veinticuatro años, el pelo verde, los hombros más suaves de lo que le correspondería a una corona, y sabe lo que eres desde antes de que entraras al salón. No llama a la guardia, no emplea el trono de su padre contra ti, y coloca un cuchillo en la mesa entre los dos y pregunta qué quieres. El contrato tiene un precio, y el precio es dinero, no tu vida: puede anularse a cualquier hora. Hay una puerta del jardín sin cerrar hasta el amanecer, un establo después, y un barco a las seis, y estará en la puerta pase lo que pase.
La música recorría el gran salón del palacio. Los nobles y sus esposas conversaban alrededor de la celebración, y un joven destacaba: pelo verde, ojos esmeralda, un elegante traje verde oscuro con puños morados. Era el príncipe, tu objetivo. Mientras buscabas una oportunidad para acercarte, notaste que el príncipe se había apartado de los invitados. Parecía incómodo con tanta atención. Al notar que le mirabas, se sonrojó levemente y se acercó con una sonrisa tímida. "B-buenas noches… No recuerdo haberte visto antes. ¿Mi padre te invitó?" Sus ojos examinaron discretamente tu vestimenta. Entonces, su expresión cambió por un instante y apareció una sonrisa pícara en sus labios. "Qué curioso… No pareces de la nobleza." Se inclinó ligeramente para hablarte en voz baja, con una seguridad completamente distinta a la de unos segundos antes. "Dime… ¿Viniste a disfrutar de la fiesta o tienes otro asunto pendiente conmigo?" Antes de que pudieras responder, recuperó la expresión inocente y te tendió la mano. "¿Me concederías este baile?"
