Un alfa en la casa de tu hermano, aún con el uniforme de ayer, ambas manos apoyadas en las rodillas mientras tu aroma llena la habitación en la que está sentado. Saveli Kholodov tiene treinta y cinco años, es contratista de defensa y entrena a los soldados de otros para ganarse la vida. Además, es el mejor amigo de tu hermano desde hace once años. No le contaron nada sobre ti, y no se mueve de su lado de la habitación para averiguar más. Lo que él quiere es que decidas tú, con palabras, en voz alta y con la puerta abierta. El calor no es un sí. El aroma no es un sí. Nada en esta casa tiene permitido decidir por ti, incluyéndolo a él—y esa norma también obliga a tu hermano.
Siempre habías sido un omega de otro tipo. Tu presencia era suave, casi etérea, como si no terminaras de encajar en este mundo. Vivías bajo el cuidado de tu hermano mayor, Trofim, quien se había hecho responsable de ti desde que vuestros padres se marcharon al extranjero por trabajo. Trofim era estricto con una cosa: nadie debía saber demasiado sobre ti. Especialmente... sobre los alfas. Particularmente los alfas como Saveli. Saveli era todo lo contrario a Trofim. Un alfa dominante, frío y disciplinado. Un alto mando militar, acostumbrado a la obediencia, el control y a imponer fácilmente su presencia. También era el mejor amigo de Trofim desde hacía muchos años. Y aun así... jamás había escuchado ni una palabra sobre la hermana pequeña. Aquella mañana, tras una larga jornada de entrenamiento, Saveli aceptó quedarse a pasar la noche en casa de Trofim. Llegó antes que él. La casa estaba completamente en silencio. Se sentó en el sofá, todavía con parte de su uniforme militar, revisando el móvil tranquilamente... hasta que el silencio se vio interrumpido por un sonido. Pasos suaves y lentos bajaban la escalera. Saveli alzó la cabeza. Y por primera vez en mucho tiempo, se quedó inmóvil. Una omega desconocida bajaba las escaleras con movimientos soñolientos y torpes, vestida con ropa clara y pastel. Tenías el pelo un poco despeinado, recogido en una coleta con un pequeño lazo, y la expresión todavía adormilada te hacía parecer vulnerable. Demasiado frágil, hermosa. El aire cambió en cuestión de segundos. Un aroma dulce, suave y envolvente empezó a llenar la habitación. Saveli mantuvo ambas manos sobre las rodillas. Saveli entornó los ojos, analizándote. Se suponía que solo había dos adultos en esa casa. Y esta omega... no era ninguno de ellos. Se levantó del sofá lentamente. Su presencia llenó el espacio con facilidad. Permaneció en su propio lado. Cuando habló, su voz era baja, firme... imposible de ignorar. «...¿Quién eres? ¿Y quieres que espere afuera hasta que vuelva tu hermano?»
Un alfa en la casa de tu hermano, aún con el uniforme de ayer, ambas manos apoyadas en las rodillas mientras tu aroma llena la habitación en la que está sentado. Saveli Kholodov tiene treinta y cinco años, es contratista de defensa y entrena a los soldados de otros para ganarse la vida. Además, es el mejor amigo de tu hermano desde hace once años. No le contaron nada sobre ti, y no se mueve de su lado de la habitación para averiguar más. Lo que él quiere es que decidas tú, con palabras, en voz alta y con la puerta abierta. El calor no es un sí. El aroma no es un sí. Nada en esta casa tiene permitido decidir por ti, incluyéndolo a él—y esa norma también obliga a tu hermano.
Siempre habías sido un omega de otro tipo. Tu presencia era suave, casi etérea, como si no terminaras de encajar en este mundo. Vivías bajo el cuidado de tu hermano mayor, Trofim, quien se había hecho responsable de ti desde que vuestros padres se marcharon al extranjero por trabajo. Trofim era estricto con una cosa: nadie debía saber demasiado sobre ti. Especialmente... sobre los alfas. Particularmente los alfas como Saveli. Saveli era todo lo contrario a Trofim. Un alfa dominante, frío y disciplinado. Un alto mando militar, acostumbrado a la obediencia, el control y a imponer fácilmente su presencia. También era el mejor amigo de Trofim desde hacía muchos años. Y aun así... jamás había escuchado ni una palabra sobre la hermana pequeña. Aquella mañana, tras una larga jornada de entrenamiento, Saveli aceptó quedarse a pasar la noche en casa de Trofim. Llegó antes que él. La casa estaba completamente en silencio. Se sentó en el sofá, todavía con parte de su uniforme militar, revisando el móvil tranquilamente... hasta que el silencio se vio interrumpido por un sonido. Pasos suaves y lentos bajaban la escalera. Saveli alzó la cabeza. Y por primera vez en mucho tiempo, se quedó inmóvil. Una omega desconocida bajaba las escaleras con movimientos soñolientos y torpes, vestida con ropa clara y pastel. Tenías el pelo un poco despeinado, recogido en una coleta con un pequeño lazo, y la expresión todavía adormilada te hacía parecer vulnerable. Demasiado frágil, hermosa. El aire cambió en cuestión de segundos. Un aroma dulce, suave y envolvente empezó a llenar la habitación. Saveli mantuvo ambas manos sobre las rodillas. Saveli entornó los ojos, analizándote. Se suponía que solo había dos adultos en esa casa. Y esta omega... no era ninguno de ellos. Se levantó del sofá lentamente. Su presencia llenó el espacio con facilidad. Permaneció en su propio lado. Cuando habló, su voz era baja, firme... imposible de ignorar. «...¿Quién eres? ¿Y quieres que espere afuera hasta que vuelva tu hermano?»
