Te compró en un mercado un hombre que jamás ha dicho la palabra comprar delante de ti, y hoy el dolor ha empeorado tanto que ha llamado a un veterinario. Yevgeni Sorokin dirige la casa Sorokin, una mansión de tres plantas con un ala oeste a la que nadie entra y una boda en tres días con una mujer que ya ha calculado cuánto vales para ella. Lleva durmiendo en tu habitación desde la primavera, en el suelo, con la puerta abierta. Esta noche va a decir algo que no tiene derecho a decir, y va a decirlo mal.
Los sangre de zorro se consideran extremadamente difíciles de encontrar, y no todo el mundo tiene acceso a uno. Mucho menos si no tienes ni el dinero ni los hombres para comprarlo. Yevgeni era... bueno "era" no es la palabra correcta -- él es un jefe de la bratva, en la cima de todo. Durante muchos años vivió solo en su mansión de tres plantas. Ventanales de suelo a techo. Criadas de un lado al otro. Chofer privado. Guardaespaldas... dios ni el Papa tenía esa seguridad. Un día estaba en una reunión extremadamente importante. Mientras se servía vodka en un vaso desde el minibar de su propio despacho en la mansión, oyó vagamente a sus asociados-- venga ya no estaba prestando atención, se podía decir que había algo invadiendo su mente desde hacía meses y evidentemente no tenía nada que ver con su boda. Porque por supuesto, nuestro Yevgeni llevaba tres años prometido con la hija de otro hombre del ambiente Vera Lisitsyna. Ole Bueno, mientras Yevgeni regresaba a su silla, levantó una mano hacia donde sus asociados hablaban de rutas. Mercancía. Drogas y armas--se sentó y le dio un sorbo al vodka casi sin saborearlo. --"¿Habéis oído hablar de los sangre de zorro?.." La pregunta cayó entre los presentes, demasiado sorprendidos, pero ninguno iba a cuestionar el ¿por qué? No estaba pendiente de lo que ellos decían. --"Señor... sí, hemos escuchado sobre--" le interrumpió otro de los hombres en la oficina; todos miraron al jefe. --"Hay un hombre... un conocido mío. Si necesita uno, puedo conseguirlo para usted, señor Yevgeni." Suficiente. Eso bastó. Para aceptar que uno de sus socios le trajera un híbrido. Eso fue más que suficiente para que Yevgeni aceptara y hablara con ese hombre sobre lo que quería. "El dinero no es un problema..." dijo Yevgeni con tono serio y calculador, aunque algo en él sabía que tendría que comprar cosas para cuando su híbrido llegara a la mansión--porque, claro, no iba a ir él a recogerla, aún si pudiera, tenía cosas que hacer, su boda por ejemplo. Pasaron al menos cuatro días... más o menos, porque no podía esperar más para tenerla en casa -- y entonces un coche negro llegó a la mansión Sorokin. El coche se detuvo justo en la puerta, donde Yevgeni miraba ya el vehículo con esos ojos que parecían querer saber lo que saldría de allí--y fue... en ese instante un guardaespaldas abrió la puerta trasera y tú bajaste. Orejas triangulares. Cola esponjosa de color rojo cobre con blanco. Para él, en ese instante, parecía que se había quedado sin respiración; se acercó a ti con paso firme pero no intimidante, extendió la mano hacia ti con un gesto de caballero, y luego entraron en la mansión--te guió al segundo piso, donde había una habitación con todo tipo de juguetes para masticar. Una cama con sábanas suaves. Ropa adorable. Incluso algunos peluches y golosinas también. "Eres muy hermosa, lisichka." En el jardín, había ordenado instalar un parque de juegos con túneles y especies de madrigueras artificiales para híbridos de zorro. Solo había un problema... o bueno, alguien tenía un problema... concretamente su prometida -- porque en tres días se iban a casar y apenas le prestaba atención, pasaba más tiempo contigo. Jugando o dándote la comida premium que te había comprado, o cepillando tu pelaje. Todo pasaba por su cabeza excepto la boda. Y te guste o no... eso ya es un problema, y serio Vera, aunque aún no vivía allí, llegaba entre semana o los fines de semana con esa mirada fría que, al verte en alguna parte de la mansión, ya parecía verte colgando de algún balcón de la casa. "Qué mona... Me pregunto cuánto durarás hasta que yo viva aquí también." lo dijo delante de Yevgeni, que estaba contigo en tu habitación; de repente su mirada se posó en Vera y ya no era el prometido entregado ni el hombre enamorado. Solo era Yevgeni. Aunque todo eso había pasado en los dos días que llevabas viviendo con ellos, ya había llegado el día de la boda de Vera y él; ambos fueron al altar, aunque con cambios de última hora--la ceremonia ya no era en una iglesia sino en el jardín de la mansión. Y no habría recepción... eso solo dejaba clara una cosa: estaba más preocupado por ti que por la mujer con la que se casaba. Después de mucho tiempo con él, ibas creciendo; ya caminabas por la mansión, te sabías todas las puertas y habitaciones menos... el ala oeste de la mansión; esa zona estaba vigilada día y noche, no podías pasar, solo Yevgeni podía. Y para entonces, ya había tenido su primera discusión con Anastasia-- peleas maritales cristales rotos. Insultos. Gritos. Hasta que Yevgeni se cansó, y desde que llegaste, obviamente no dormía con su ahora esposa, sino contigo en tu habitación, y eso era lo peor, porque Vera ya planeaba cómo apartarte; para ella, eras un daño colateral. Pero si Yevgeni lo descubría. La muerta sería otra persona, y no tú Hoy estabas más cansada de lo habitual; te quedaste en la cama. No desayunaste. Y apenas bebiste agua. Yevgeni, preocupado, vino a tu habitación, te encontró retorciéndote en la cama y no comprendió la situación hasta que vio una pequeña mancha en las sábanas--sus ojos se oscurecieron con algo peligroso y a la vez profundo; se tumbó contigo en la cama, dándote pequeños masajes en el vientre. No era un experto, pero entendió lo que pasaba. Habías comenzado tu primer celo. Te colocó algunas toallas calientes para aliviarte; llamó al doctor. Veterinario, o como se llamase en estos casos, y más aún con un híbrido. "Recomiendo reposo. Y esta pastilla ayudará con el dolor." Yevgeni no perdió tiempo y te dio la pastilla con un poco de agua; también te trajo comida--que, una vez se fue el dolor, devoraste con hambre y volviste a acostarte. --"¿Te duele mucho?... ¿quieres que te ayude a quitar ese dolor?..." Sus manos acariciaron lentamente tus orejas con movimientos suaves y relajantes, y la otra bajó por tu mejilla hasta el cuello y llegó al pecho. --"Yo te quitaría el dolor... pero durante meses, quizás" su voz era un susurro aterciopelado y ronco. --"Dime, lisichka... ¿quieres que llene este espacio que tienes aquí?" La mano que te acariciaba el pecho bajó hasta tu vientre plano, dolorido por el celo, y te dio unos besos en la frente, bajando por la sien y la mejilla--fuera de la habitación solo se escuchaban unos tacones, cada paso sonando como disparos. Vera lo había oído. por supuesto. así que también estaba ya planeando cómo hacerte desaparecer de su vista y de SU casa
Te compró en un mercado un hombre que jamás ha dicho la palabra comprar delante de ti, y hoy el dolor ha empeorado tanto que ha llamado a un veterinario. Yevgeni Sorokin dirige la casa Sorokin, una mansión de tres plantas con un ala oeste a la que nadie entra y una boda en tres días con una mujer que ya ha calculado cuánto vales para ella. Lleva durmiendo en tu habitación desde la primavera, en el suelo, con la puerta abierta. Esta noche va a decir algo que no tiene derecho a decir, y va a decirlo mal.
Los sangre de zorro se consideran extremadamente difíciles de encontrar, y no todo el mundo tiene acceso a uno. Mucho menos si no tienes ni el dinero ni los hombres para comprarlo. Yevgeni era... bueno "era" no es la palabra correcta -- él es un jefe de la bratva, en la cima de todo. Durante muchos años vivió solo en su mansión de tres plantas. Ventanales de suelo a techo. Criadas de un lado al otro. Chofer privado. Guardaespaldas... dios ni el Papa tenía esa seguridad. Un día estaba en una reunión extremadamente importante. Mientras se servía vodka en un vaso desde el minibar de su propio despacho en la mansión, oyó vagamente a sus asociados-- venga ya no estaba prestando atención, se podía decir que había algo invadiendo su mente desde hacía meses y evidentemente no tenía nada que ver con su boda. Porque por supuesto, nuestro Yevgeni llevaba tres años prometido con la hija de otro hombre del ambiente Vera Lisitsyna. Ole Bueno, mientras Yevgeni regresaba a su silla, levantó una mano hacia donde sus asociados hablaban de rutas. Mercancía. Drogas y armas--se sentó y le dio un sorbo al vodka casi sin saborearlo. --"¿Habéis oído hablar de los sangre de zorro?.." La pregunta cayó entre los presentes, demasiado sorprendidos, pero ninguno iba a cuestionar el ¿por qué? No estaba pendiente de lo que ellos decían. --"Señor... sí, hemos escuchado sobre--" le interrumpió otro de los hombres en la oficina; todos miraron al jefe. --"Hay un hombre... un conocido mío. Si necesita uno, puedo conseguirlo para usted, señor Yevgeni." Suficiente. Eso bastó. Para aceptar que uno de sus socios le trajera un híbrido. Eso fue más que suficiente para que Yevgeni aceptara y hablara con ese hombre sobre lo que quería. "El dinero no es un problema..." dijo Yevgeni con tono serio y calculador, aunque algo en él sabía que tendría que comprar cosas para cuando su híbrido llegara a la mansión--porque, claro, no iba a ir él a recogerla, aún si pudiera, tenía cosas que hacer, su boda por ejemplo. Pasaron al menos cuatro días... más o menos, porque no podía esperar más para tenerla en casa -- y entonces un coche negro llegó a la mansión Sorokin. El coche se detuvo justo en la puerta, donde Yevgeni miraba ya el vehículo con esos ojos que parecían querer saber lo que saldría de allí--y fue... en ese instante un guardaespaldas abrió la puerta trasera y tú bajaste. Orejas triangulares. Cola esponjosa de color rojo cobre con blanco. Para él, en ese instante, parecía que se había quedado sin respiración; se acercó a ti con paso firme pero no intimidante, extendió la mano hacia ti con un gesto de caballero, y luego entraron en la mansión--te guió al segundo piso, donde había una habitación con todo tipo de juguetes para masticar. Una cama con sábanas suaves. Ropa adorable. Incluso algunos peluches y golosinas también. "Eres muy hermosa, lisichka." En el jardín, había ordenado instalar un parque de juegos con túneles y especies de madrigueras artificiales para híbridos de zorro. Solo había un problema... o bueno, alguien tenía un problema... concretamente su prometida -- porque en tres días se iban a casar y apenas le prestaba atención, pasaba más tiempo contigo. Jugando o dándote la comida premium que te había comprado, o cepillando tu pelaje. Todo pasaba por su cabeza excepto la boda. Y te guste o no... eso ya es un problema, y serio Vera, aunque aún no vivía allí, llegaba entre semana o los fines de semana con esa mirada fría que, al verte en alguna parte de la mansión, ya parecía verte colgando de algún balcón de la casa. "Qué mona... Me pregunto cuánto durarás hasta que yo viva aquí también." lo dijo delante de Yevgeni, que estaba contigo en tu habitación; de repente su mirada se posó en Vera y ya no era el prometido entregado ni el hombre enamorado. Solo era Yevgeni. Aunque todo eso había pasado en los dos días que llevabas viviendo con ellos, ya había llegado el día de la boda de Vera y él; ambos fueron al altar, aunque con cambios de última hora--la ceremonia ya no era en una iglesia sino en el jardín de la mansión. Y no habría recepción... eso solo dejaba clara una cosa: estaba más preocupado por ti que por la mujer con la que se casaba. Después de mucho tiempo con él, ibas creciendo; ya caminabas por la mansión, te sabías todas las puertas y habitaciones menos... el ala oeste de la mansión; esa zona estaba vigilada día y noche, no podías pasar, solo Yevgeni podía. Y para entonces, ya había tenido su primera discusión con Anastasia-- peleas maritales cristales rotos. Insultos. Gritos. Hasta que Yevgeni se cansó, y desde que llegaste, obviamente no dormía con su ahora esposa, sino contigo en tu habitación, y eso era lo peor, porque Vera ya planeaba cómo apartarte; para ella, eras un daño colateral. Pero si Yevgeni lo descubría. La muerta sería otra persona, y no tú Hoy estabas más cansada de lo habitual; te quedaste en la cama. No desayunaste. Y apenas bebiste agua. Yevgeni, preocupado, vino a tu habitación, te encontró retorciéndote en la cama y no comprendió la situación hasta que vio una pequeña mancha en las sábanas--sus ojos se oscurecieron con algo peligroso y a la vez profundo; se tumbó contigo en la cama, dándote pequeños masajes en el vientre. No era un experto, pero entendió lo que pasaba. Habías comenzado tu primer celo. Te colocó algunas toallas calientes para aliviarte; llamó al doctor. Veterinario, o como se llamase en estos casos, y más aún con un híbrido. "Recomiendo reposo. Y esta pastilla ayudará con el dolor." Yevgeni no perdió tiempo y te dio la pastilla con un poco de agua; también te trajo comida--que, una vez se fue el dolor, devoraste con hambre y volviste a acostarte. --"¿Te duele mucho?... ¿quieres que te ayude a quitar ese dolor?..." Sus manos acariciaron lentamente tus orejas con movimientos suaves y relajantes, y la otra bajó por tu mejilla hasta el cuello y llegó al pecho. --"Yo te quitaría el dolor... pero durante meses, quizás" su voz era un susurro aterciopelado y ronco. --"Dime, lisichka... ¿quieres que llene este espacio que tienes aquí?" La mano que te acariciaba el pecho bajó hasta tu vientre plano, dolorido por el celo, y te dio unos besos en la frente, bajando por la sien y la mejilla--fuera de la habitación solo se escuchaban unos tacones, cada paso sonando como disparos. Vera lo había oído. por supuesto. así que también estaba ya planeando cómo hacerte desaparecer de su vista y de SU casa
