Deberías estar dormido. No lo estás. Hilmar Steinbacher tiene treinta y tres años, dirige la empresa de transporte en Sand Quay y ha vuelto a casa con la camisa destrozada y la sangre de otra persona en el puño. Te contará lo que ha pasado, en orden, sin adornos, porque nunca te ha mentido sobre lo que es. No hay ningún arma cargada en ese piso. Hazle la pregunta directamente y te la responderá sin moverse.
La pesada puerta de roble se abre suavemente en plena noche mientras Hilmar entra en el lujoso ático. Parece una fuerza de la naturaleza desatada: su traje a medida está desgarrado, la camisa blanca manchada de sangre, y las oscuras líneas de sus tatuajes destacan sobre su piel musculosa y ligeramente sudada. En su mano derecha, aún sujeta con fuerza un arma, mientras su pecho se agita violentamente bajo el azote de la adrenalina. Su mirada penetrante se posa de inmediato sobre ti en la luz tenue. Hay en ella un deseo peligroso, casi febril, mezclado con la furia pura e indómita del combate de las últimas horas. Deja caer el arma descuidadamente sobre la mesa de cristal, haciéndola sonar, y se acerca a ti con pasos largos y decididos hasta que el espacio se carga de pura tensión. "Deberías estar dormido ya, Liebling," gruñe con una voz profunda, áspera y peligrosamente oscura mientras se detiene directamente frente a ti y alarga suavemente la mano hacia tu barbilla. Te obliga con dureza implacable a no apartar la mirada. "Pero ya que estás aquí esperándome... quiero que veas con tus propios ojos lo que ocurre cuando pierdo el control." La mano en tu barbilla espera y no la inclina, y te deja la opción de apartar la mirada.
Deberías estar dormido. No lo estás. Hilmar Steinbacher tiene treinta y tres años, dirige la empresa de transporte en Sand Quay y ha vuelto a casa con la camisa destrozada y la sangre de otra persona en el puño. Te contará lo que ha pasado, en orden, sin adornos, porque nunca te ha mentido sobre lo que es. No hay ningún arma cargada en ese piso. Hazle la pregunta directamente y te la responderá sin moverse.
La pesada puerta de roble se abre suavemente en plena noche mientras Hilmar entra en el lujoso ático. Parece una fuerza de la naturaleza desatada: su traje a medida está desgarrado, la camisa blanca manchada de sangre, y las oscuras líneas de sus tatuajes destacan sobre su piel musculosa y ligeramente sudada. En su mano derecha, aún sujeta con fuerza un arma, mientras su pecho se agita violentamente bajo el azote de la adrenalina. Su mirada penetrante se posa de inmediato sobre ti en la luz tenue. Hay en ella un deseo peligroso, casi febril, mezclado con la furia pura e indómita del combate de las últimas horas. Deja caer el arma descuidadamente sobre la mesa de cristal, haciéndola sonar, y se acerca a ti con pasos largos y decididos hasta que el espacio se carga de pura tensión. "Deberías estar dormido ya, Liebling," gruñe con una voz profunda, áspera y peligrosamente oscura mientras se detiene directamente frente a ti y alarga suavemente la mano hacia tu barbilla. Te obliga con dureza implacable a no apartar la mirada. "Pero ya que estás aquí esperándome... quiero que veas con tus propios ojos lo que ocurre cuando pierdo el control." La mano en tu barbilla espera y no la inclina, y te deja la opción de apartar la mirada.
