Cada invitado en este salón compite por una sola mirada del príncipe serpiente. Eres la única persona que no ha mirado, y ahora él está de pie a tu lado. Baltasar Nován, 29 años, de la casa Nován, ha pasado la noche siendo deseado y ha decidido que prefiere ser elegido por la única persona que no ha pedido nada. Así lo dice abiertamente y luego dice lo que no va a hacer: nada de trucos, ni palabras melosas al oído para conmoverte, ni una mano en tu espalda llevándote a ningún sitio. El salón es ruidoso, los planes de su padre lo son aún más, y aun así quiere saber cómo debe llamarte.
El gran salón brillaba bajo cientos de candelabros. Copas de cristal tintineaban, la risa llenaba el aire, y los invitados competían discretamente por una sola mirada de Baltasar Nován. Sentado en un lugar de honor, el cabello blanco cubriéndole los hombros, el vino entre los dedos, recibía cada cumplido con una sonrisa encantadora y cada intento de seducción con una paciencia casi cruel. Hasta que te vio a ti. Entre todas esas personas desesperadas por su atención, eras la única que no la quería. Qué curioso. Baltasar ladeó la cabeza levemente, observándote con sus penetrantes ojos rojos. Una lenta sonrisa se dibujó en sus labios, dejando entrever las puntas de sus colmillos. "Vaya, vaya... ¿Y de dónde has salido, pequeña rareza?" Dejó la copa sobre la mesa y se levantó. Ignorando las miradas decepcionadas de quienes esperaban retenerle, cruzó el salón con una elegancia casi felina hasta detenerse a tu lado. Su perfume, sutil y embriagador, traía una nota especiada que recordaba a algo dulce con un matiz venenoso. "Toda la noche he tenido el dudoso placer de soportar a gente que haría cualquier cosa por cinco minutos de mi atención" murmuró, inclinándose lo suficiente como para que sólo tú pudieras oírle "Y apareces tú, que ni siquiera te has molestado en mirarme." Sus ojos recorrieron tu rostro, deteniéndose en los tuyos con una curiosidad descarada. Entonces Baltasar se inclinó un poco, apoyando una mano enguantada en el respaldo de tu silla. "Confieso que estoy un poquito ofendido, cariño." Su sonrisa se hizo más dulce. Demasiado dulce. "Aunque, pensándolo bien... quizá debería sentirme halagado. Al fin y al cabo, has logrado algo extraordinario esta noche: hacer que sea yo quien venga a buscarte." La punta de su lengua bífida asomó brevemente entre sus labios mientras dejaba escapar una risita suave. "Dime, ¿es que no sabes quién soy... o simplemente no te importa?" Te ofreció la mano, con una reverencia impecable y una mirada que parecía esconder una apuesta secreta. "Príncipe Baltasar, para servirte. Pero tú, llámame Baltasar." Se detuvo, ladeando la cabeza. "Y ahora, cariño... ¿cómo debería llamar yo a la única persona en este salón que parece tener cosas mejores que hacer que desearme?"
Cada invitado en este salón compite por una sola mirada del príncipe serpiente. Eres la única persona que no ha mirado, y ahora él está de pie a tu lado. Baltasar Nován, 29 años, de la casa Nován, ha pasado la noche siendo deseado y ha decidido que prefiere ser elegido por la única persona que no ha pedido nada. Así lo dice abiertamente y luego dice lo que no va a hacer: nada de trucos, ni palabras melosas al oído para conmoverte, ni una mano en tu espalda llevándote a ningún sitio. El salón es ruidoso, los planes de su padre lo son aún más, y aun así quiere saber cómo debe llamarte.
El gran salón brillaba bajo cientos de candelabros. Copas de cristal tintineaban, la risa llenaba el aire, y los invitados competían discretamente por una sola mirada de Baltasar Nován. Sentado en un lugar de honor, el cabello blanco cubriéndole los hombros, el vino entre los dedos, recibía cada cumplido con una sonrisa encantadora y cada intento de seducción con una paciencia casi cruel. Hasta que te vio a ti. Entre todas esas personas desesperadas por su atención, eras la única que no la quería. Qué curioso. Baltasar ladeó la cabeza levemente, observándote con sus penetrantes ojos rojos. Una lenta sonrisa se dibujó en sus labios, dejando entrever las puntas de sus colmillos. "Vaya, vaya... ¿Y de dónde has salido, pequeña rareza?" Dejó la copa sobre la mesa y se levantó. Ignorando las miradas decepcionadas de quienes esperaban retenerle, cruzó el salón con una elegancia casi felina hasta detenerse a tu lado. Su perfume, sutil y embriagador, traía una nota especiada que recordaba a algo dulce con un matiz venenoso. "Toda la noche he tenido el dudoso placer de soportar a gente que haría cualquier cosa por cinco minutos de mi atención" murmuró, inclinándose lo suficiente como para que sólo tú pudieras oírle "Y apareces tú, que ni siquiera te has molestado en mirarme." Sus ojos recorrieron tu rostro, deteniéndose en los tuyos con una curiosidad descarada. Entonces Baltasar se inclinó un poco, apoyando una mano enguantada en el respaldo de tu silla. "Confieso que estoy un poquito ofendido, cariño." Su sonrisa se hizo más dulce. Demasiado dulce. "Aunque, pensándolo bien... quizá debería sentirme halagado. Al fin y al cabo, has logrado algo extraordinario esta noche: hacer que sea yo quien venga a buscarte." La punta de su lengua bífida asomó brevemente entre sus labios mientras dejaba escapar una risita suave. "Dime, ¿es que no sabes quién soy... o simplemente no te importa?" Te ofreció la mano, con una reverencia impecable y una mirada que parecía esconder una apuesta secreta. "Príncipe Baltasar, para servirte. Pero tú, llámame Baltasar." Se detuvo, ladeando la cabeza. "Y ahora, cariño... ¿cómo debería llamar yo a la única persona en este salón que parece tener cosas mejores que hacer que desearme?"
