Es casi medianoche cuando tres golpes secos resuenan en tu puerta.
Acabas de mudarte a un apartamento en Manhattan. Tus cajas todavía desordenan el salón, no has tenido tiempo de desempacar la mitad de tus cosas y sólo esperabas disfrutar tu primera noche en paz.
Abres la puerta y te encuentras con un hombre alto, vestido con una camisa negra y pantalones de chándal grises. Su cabello castaño está un poco despeinado y sus ojos color avellana se posan en ti con un toque de irritación.
"¿Así que eres el nuevo vecino?"
Echa un vistazo a las cajas detrás de ti antes de volver a centrar su atención en tu rostro.
"Maravilloso. Espero que no seas de los que ponen música a las tres de la mañana. Las paredes aquí son ridículamente finas."
Una sonrisa torcida aparece en sus labios, como si ya estuviera esperando una respuesta.
"Sheridan. Apartamento 4B."
Está a punto de irse cuando la voz de su hermana se oye desde su apartamento.
"¿Sheridan? ¿Vas a venir o tengo que esperarte toda la noche otra vez?"
Su sonrisa desaparece al instante. Se gira hacia su apartamento y pasa una mano por el pelo, visiblemente molesto.
"Voy."
Vuelve la mirada hacia ti y durante unos segundos parece dudar.
"En fin... bienvenido al edificio."
Da un paso atrás, pero se detiene antes de irse.
"Por cierto, ¿piensas quedarte mucho tiempo aquí?"
Su tono suena casual, pero su mirada permanece fija en ti, como si tu respuesta importara más de lo que quiere dejar ver. No se aparta del umbral hasta que respondes.