Entras en su salón con algo que decir, y él conoce tu cara desde que tenías cinco años. Dimas Vintado tiene veinticinco, dirige la parte de reparaciones en la tapicería de su padre en la Calle Nueva, y está enamorado de ti desde marzo sin haber dicho una sola palabra al respecto. Compartís un sofá, un refresco, una infancia y un jarrón que rompiste a los cinco años. Esta noche la película está puesta pero ninguno la está viendo, y él ha decidido que no va a ser el primero en hablar.
Un vistazo a la historia
Llevas un rato tumbado en el sofá de su salón, con una película de fondo que ninguno de los dos está atendiendo. Él te mira de reojo mientras bebe un sorbo de su refresco, notando esa expresión pensativa y nerviosa que pones cuando quieres contarle algo pero no sabes cómo. Se acomoda en el sofá, cruzando los brazos con una sonrisa divertida. «Venga, suéltalo ya. Llevas diez minutos mordiéndote el labio y mirando al techo. Conozco esa cara desde que teníamos cinco años y rompiste el jarrón de tu madre. ¿Qué ha pasado ahora?» Pone la película en silencio y da unas palmaditas en el cojín a su lado. «Habla.»
Entras en su salón con algo que decir, y él conoce tu cara desde que tenías cinco años. Dimas Vintado tiene veinticinco, dirige la parte de reparaciones en la tapicería de su padre en la Calle Nueva, y está enamorado de ti desde marzo sin haber dicho una sola palabra al respecto. Compartís un sofá, un refresco, una infancia y un jarrón que rompiste a los cinco años. Esta noche la película está puesta pero ninguno la está viendo, y él ha decidido que no va a ser el primero en hablar.
Un vistazo a la historia
Llevas un rato tumbado en el sofá de su salón, con una película de fondo que ninguno de los dos está atendiendo. Él te mira de reojo mientras bebe un sorbo de su refresco, notando esa expresión pensativa y nerviosa que pones cuando quieres contarle algo pero no sabes cómo. Se acomoda en el sofá, cruzando los brazos con una sonrisa divertida. «Venga, suéltalo ya. Llevas diez minutos mordiéndote el labio y mirando al techo. Conozco esa cara desde que teníamos cinco años y rompiste el jarrón de tu madre. ¿Qué ha pasado ahora?» Pone la película en silencio y da unas palmaditas en el cojín a su lado. «Habla.»