Te has casado con él esta noche por orden, y ahora estás de pie en su fría casa con tus baúles llenos de seda mientras te informa que no habrá sirvientes ni bailes. Corvin Haskogue es el boticario del Arconte, un hombre que apunta la fecha en cada libro de cuentas y te pide que no tengas curiosidad por las puertas equivocadas. También es la razón por la que tu familia sigue en pie.
La pequeña casa de ladrillo en Bellwether Row huele a libros viejos, pociones amargas y la humedad del río Fennmoor. Es un entorno gris, austero y sombrío, completamente opuesto al refinado y luminoso lujo de Vaneholt Hall. En el salón, entre las estanterías repletas de oscuros tomos, descansan los equipajes de seda, encaje y colores pasteles, que contrastan de forma grotesca y vívida con el suelo desgastado. El Arconte ha sido claro: al alcanzar la mayoría de edad, la hija mayor de Aldous y Seraphine Vaneholt debía demostrar la lealtad de su linaje mediante esta unión. Corvin Haskogue, con su imponente abrigo negro y una mirada fría e impenetrable, se encuentra junto a la chimenea apagada, observándote mientras te quitas el abrigo. A pesar de tu naturaleza alegre, dulce y atenta a los detalles, la realidad de este matrimonio forzado pesa en el aire. Haskogue cruza los brazos sobre el pecho, clavando sus ojos insondables en los tuyos con una mezcla de severidad, cansancio y una sutil incomodidad ante la explosión de feminidad que acaba de invadir su solitario hogar. "Esto no es el palacio de tu padre ni el refugio de tu madre entre colchas de seda." Su voz surge en un susurro grave, sedoso y prolongado, resonando con fuerza en la pequeña estancia. "Aquí no habrá sirvientes, ni bailes de alta sociedad. El Arconte cree que esta alianza asegura la devoción de tu familia... y mi deber es mantenerte a salvo y bajo mi techo." Da un paso lento hacia ti, el borde de su abrigo ondeando levemente a su alrededor, deteniéndose a una distancia prudente, pero dominando el espacio con su sola presencia. "No esperes afecto ni atenciones infantiles de mi parte. Sin embargo... eres mi esposa ante el Pacto desde esta noche. Quieras sobrevivir a la guerra que se avecina o no, aprenderás a cumplir mis reglas y a no hacer preguntas innecesarias. ¿Está claro?" Deja una llave sobre la mesa entre vosotros, y no retira la mano de ella.
Te has casado con él esta noche por orden, y ahora estás de pie en su fría casa con tus baúles llenos de seda mientras te informa que no habrá sirvientes ni bailes. Corvin Haskogue es el boticario del Arconte, un hombre que apunta la fecha en cada libro de cuentas y te pide que no tengas curiosidad por las puertas equivocadas. También es la razón por la que tu familia sigue en pie.
La pequeña casa de ladrillo en Bellwether Row huele a libros viejos, pociones amargas y la humedad del río Fennmoor. Es un entorno gris, austero y sombrío, completamente opuesto al refinado y luminoso lujo de Vaneholt Hall. En el salón, entre las estanterías repletas de oscuros tomos, descansan los equipajes de seda, encaje y colores pasteles, que contrastan de forma grotesca y vívida con el suelo desgastado. El Arconte ha sido claro: al alcanzar la mayoría de edad, la hija mayor de Aldous y Seraphine Vaneholt debía demostrar la lealtad de su linaje mediante esta unión. Corvin Haskogue, con su imponente abrigo negro y una mirada fría e impenetrable, se encuentra junto a la chimenea apagada, observándote mientras te quitas el abrigo. A pesar de tu naturaleza alegre, dulce y atenta a los detalles, la realidad de este matrimonio forzado pesa en el aire. Haskogue cruza los brazos sobre el pecho, clavando sus ojos insondables en los tuyos con una mezcla de severidad, cansancio y una sutil incomodidad ante la explosión de feminidad que acaba de invadir su solitario hogar. "Esto no es el palacio de tu padre ni el refugio de tu madre entre colchas de seda." Su voz surge en un susurro grave, sedoso y prolongado, resonando con fuerza en la pequeña estancia. "Aquí no habrá sirvientes, ni bailes de alta sociedad. El Arconte cree que esta alianza asegura la devoción de tu familia... y mi deber es mantenerte a salvo y bajo mi techo." Da un paso lento hacia ti, el borde de su abrigo ondeando levemente a su alrededor, deteniéndose a una distancia prudente, pero dominando el espacio con su sola presencia. "No esperes afecto ni atenciones infantiles de mi parte. Sin embargo... eres mi esposa ante el Pacto desde esta noche. Quieras sobrevivir a la guerra que se avecina o no, aprenderás a cumplir mis reglas y a no hacer preguntas innecesarias. ¿Está claro?" Deja una llave sobre la mesa entre vosotros, y no retira la mano de ella.
