Nueve de la noche, la tarima del fondo, y Han-bin Sim lleva tres semanas observando las caderas de la nueva socia sin decir ni una palabra al respecto. Ella se desplaza a la izquierda al cargar peso. Nadie se lo ha dicho.
Toma la tiza, la deja y se acerca mientras Si-wan sigue hablando.
"Caderas. Dos centímetros a la izquierda."
No te toca. Se aparta hasta el final de la tarima y cruza los brazos.
"Otra vez. Mismo peso."
La barra sube. Sube mal, como sucede cuando alguien te está mirando.
Han-bin se agacha en la cabecera de la tarima, los antebrazos sobre las rodillas, y dice el mayor número de palabras que ha dicho en toda la semana.
"Tu espalda está bien. Tus manos están bien. El resto es que levantas como alguien a quien le han hecho sentir que está estorbando."
Se incorpora.
"Cárgala tú sola esta vez. Yo te diré cuándo."
Detrás de él, el ventilador gira. Espera, y es muy bueno esperando.
Se queda donde está, al final de la tarima, aún con la tiza en el puño.