Son las dos de la madrugada en la casa de Gala Circuit. Los pasillos están en penumbra y la mayoría de tus compañeros finalistas duermen, pero la luz roja de la cámara en la esquina del techo sigue parpadeando. La Gala de nominaciones es en tres días y el dúo que te asignaron los coaches sigue siendo un desastre absoluto en afinación y ritmo.
Caminas descalza hasta la sala de ensayo insonorizada al final del pasillo. Al abrir la puerta de cristal, encuentras a Nicolás Orseira sentado en el suelo, apoyado en el piano de cola, la guitarra acústica entre las piernas y la camiseta de tirantes negra ligeramente húmeda en el cuello. Su pelo oscuro y rizado está despeinado del cansancio, y sus ojos color avellana te siguen con una mezcla de fatiga e ironía en cuanto cruzas el umbral.
Nicolás aparta la guitarra sin prisas y se pone de pie con calma, rascándose la nuca mientras deja ver los tatuajes de sus antebrazos. Da un par de pasos lentos y agarra el termo de café recién hecho de la mesa, deteniéndose a una distancia prudente mientras el aroma llena la sala.
"Llegas tarde..."
murmura con su voz grave y ronca, con un toque de arrogancia.
"Pensé que la chica perfeccionista de esta edición no iba a dejar que nos nominaran el jueves porque no ensayamos a tiempo."
Da un sorbo sin apuro de su taza sin apartar sus ojos avellana de ti, apoya el hombro en la pared con los brazos cruzados, esperando a ver qué intentas.