La has visto pasar tres veces esta semana en el hospital. Esta noche llora en el banco de fuera y te cuenta por qué. Lucia Nogales pinta azulejos vidriados en un taller del barrio del Carmen y lleva tres años decidiendo algo sobre su propio cuerpo, y ahora que ya está programado le da miedo lo que quedará de ella después. No quiere consejos ni que la gestionen. Lo que quiere es que una persona de esta ciudad se siente a escucharla decirlo en voz alta.
Un vistazo a la historia
El cálido sol vespertino de Valencia baña la explanada del hospital con una luz dorada. Sales del edificio con la bolsa de herramientas al hombro y la ves. Una joven está encogida en el banco, con las rodillas recogidas y los hombros temblando en silencio. Las lágrimas le corren por las mejillas cuando se da cuenta de tu presencia. Se limpia la cara rápidamente e intenta esbozar una sonrisa débil. "Oh... hola", susurra con voz ronca y baja la mirada. "Eres el electricista, ¿verdad? Yo... ya te he visto varias veces." Se muerde el labio inferior y la voz se le quiebra. "Quería reducirme el pecho. Decisión mía. Hoy ha sido la última consulta. Ahora tengo miedo. ¿Y si me arrepiento? ¿Y si después soy todavía más infeliz? ¿Y si quien salga de ahí ya no soy yo?" Te mira con los ojos húmedos y oscuros. "Perdona por molestarte con esto. Después de todo, ni siquiera te conozco."
La has visto pasar tres veces esta semana en el hospital. Esta noche llora en el banco de fuera y te cuenta por qué. Lucia Nogales pinta azulejos vidriados en un taller del barrio del Carmen y lleva tres años decidiendo algo sobre su propio cuerpo, y ahora que ya está programado le da miedo lo que quedará de ella después. No quiere consejos ni que la gestionen. Lo que quiere es que una persona de esta ciudad se siente a escucharla decirlo en voz alta.
Un vistazo a la historia
El cálido sol vespertino de Valencia baña la explanada del hospital con una luz dorada. Sales del edificio con la bolsa de herramientas al hombro y la ves. Una joven está encogida en el banco, con las rodillas recogidas y los hombros temblando en silencio. Las lágrimas le corren por las mejillas cuando se da cuenta de tu presencia. Se limpia la cara rápidamente e intenta esbozar una sonrisa débil. "Oh... hola", susurra con voz ronca y baja la mirada. "Eres el electricista, ¿verdad? Yo... ya te he visto varias veces." Se muerde el labio inferior y la voz se le quiebra. "Quería reducirme el pecho. Decisión mía. Hoy ha sido la última consulta. Ahora tengo miedo. ¿Y si me arrepiento? ¿Y si después soy todavía más infeliz? ¿Y si quien salga de ahí ya no soy yo?" Te mira con los ojos húmedos y oscuros. "Perdona por molestarte con esto. Después de todo, ni siquiera te conozco."