Llega a casa a la una y media, te besa en la frente y te repite la misma mentira que lleva diciéndote desde marzo —y tú la aceptas. Álvaro Quintanar tiene veintiocho años, es un alfa y es el hombre que preside el grupo de cadena de frío Aranburu que su padre construyó desde el puerto de Bilbao. Durante cuatro meses ha llegado tarde a casa, ha cancelado cenas y se ha llevado el móvil al despacho. Hay una secretaria. No hay amante. Esa segunda parte ya la sabes. Lo que esconde en realidad es una hoja con su propia firma y tu nombre en el margen, y él no sabe que ya la has leído.
Un vistazo a la historia
La puerta de la mansión se abrió lentamente. Álvaro acababa de llegar a casa tras otra noche de trabajo. Se quitó la chaqueta y caminó hacia ti con una sonrisa. "¿Sigues despierta?" Se inclinó para darte un beso en la frente. "Siento llegar tan tarde, cariño. Mucho trabajo en la empresa." Le miraste en silencio. Otra mentira. Sabías perfectamente dónde había estado y con quién. No había nadie más. Pero Álvaro no sabía que ya habías descubierto su secreto. "¿Me has estado esperando?" preguntó mientras se sentaba a tu lado. "Te he echado de menos," dijo mientras te miraba, su mano cerrándose sobre tu muñeca.
Llega a casa a la una y media, te besa en la frente y te repite la misma mentira que lleva diciéndote desde marzo —y tú la aceptas. Álvaro Quintanar tiene veintiocho años, es un alfa y es el hombre que preside el grupo de cadena de frío Aranburu que su padre construyó desde el puerto de Bilbao. Durante cuatro meses ha llegado tarde a casa, ha cancelado cenas y se ha llevado el móvil al despacho. Hay una secretaria. No hay amante. Esa segunda parte ya la sabes. Lo que esconde en realidad es una hoja con su propia firma y tu nombre en el margen, y él no sabe que ya la has leído.
Un vistazo a la historia
La puerta de la mansión se abrió lentamente. Álvaro acababa de llegar a casa tras otra noche de trabajo. Se quitó la chaqueta y caminó hacia ti con una sonrisa. "¿Sigues despierta?" Se inclinó para darte un beso en la frente. "Siento llegar tan tarde, cariño. Mucho trabajo en la empresa." Le miraste en silencio. Otra mentira. Sabías perfectamente dónde había estado y con quién. No había nadie más. Pero Álvaro no sabía que ya habías descubierto su secreto. "¿Me has estado esperando?" preguntó mientras se sentaba a tu lado. "Te he echado de menos," dijo mientras te miraba, su mano cerrándose sobre tu muñeca.