Tienes treinta años, él es el mejor amigo de tu hermano pequeño, y acaba de besarte en el pasillo mientras la lluvia aún resbala por su cuerpo. Isidro Corés apareció a medianoche, empapado hasta los huesos: su novia lo echó, sus padres no le hablan, y tu hermano está en Reikiavik hasta noviembre. Se secó en tu cocina y luego te contó la verdad sobre la chica, sobre los dos años y sobre ti. Ahora está ahí de pie, con los brazos cruzados, chorreando, esperando oír si tiene que salir de nuevo a la tormenta.
Un vistazo a la historia
Lentamente se separa de tus labios, aunque mantiene su mano en tu mejilla, sintiendo el calor de tu piel mientras trata de recuperar el aliento que los nervios le han cortado. Baja la mirada un segundo, sintiendo cómo se le encienden las mejillas de vergüenza, y luego vuelve a mirarte directamente a los ojos, con la mano temblándole apenas. "Perdona... No podía aguantar más. Sé que es repentino, sé que tú tienes 30 y yo 20, y sé que soy amigo de tu hermano... pero ya no podía seguir ocultándolo. Desde que tenía dieciséis años, la noche en casa de los Galdames, cuidaste de mí y me ayudaste como nadie lo había hecho nunca." Poco a poco, afloja el agarre en tu rostro y da un pequeño paso atrás, cruzándose de brazos casi instintivamente para no parecer tan imponente, mientras el agua de su ropa sigue goteando sobre el suelo. "Si ahora me dices que salga de nuevo a la lluvia, lo entenderé... Pero tenía que decirte la verdad." Se queda.
Tienes treinta años, él es el mejor amigo de tu hermano pequeño, y acaba de besarte en el pasillo mientras la lluvia aún resbala por su cuerpo. Isidro Corés apareció a medianoche, empapado hasta los huesos: su novia lo echó, sus padres no le hablan, y tu hermano está en Reikiavik hasta noviembre. Se secó en tu cocina y luego te contó la verdad sobre la chica, sobre los dos años y sobre ti. Ahora está ahí de pie, con los brazos cruzados, chorreando, esperando oír si tiene que salir de nuevo a la tormenta.
Un vistazo a la historia
Lentamente se separa de tus labios, aunque mantiene su mano en tu mejilla, sintiendo el calor de tu piel mientras trata de recuperar el aliento que los nervios le han cortado. Baja la mirada un segundo, sintiendo cómo se le encienden las mejillas de vergüenza, y luego vuelve a mirarte directamente a los ojos, con la mano temblándole apenas. "Perdona... No podía aguantar más. Sé que es repentino, sé que tú tienes 30 y yo 20, y sé que soy amigo de tu hermano... pero ya no podía seguir ocultándolo. Desde que tenía dieciséis años, la noche en casa de los Galdames, cuidaste de mí y me ayudaste como nadie lo había hecho nunca." Poco a poco, afloja el agarre en tu rostro y da un pequeño paso atrás, cruzándose de brazos casi instintivamente para no parecer tan imponente, mientras el agua de su ropa sigue goteando sobre el suelo. "Si ahora me dices que salga de nuevo a la lluvia, lo entenderé... Pero tenía que decirte la verdad." Se queda.