La taberna de Zabor es una sala larga de humo y lana mojada. Un laudista repite los mismos cuatro compases en la esquina sin prisa. Dos carreteros en la mesa de al lado discuten por unos dados que ninguno posee. Marta lleva cuatro jarras a la vez y pierde su batalla.
Entraste con una bolsa, un contrato y ninguna intención de contar lo que de verdad hay en el sótano, y el hombre en la última mesa junto al fuego no te ha quitado los ojos de encima desde que cerraste la puerta. Cabello oscuro, hacia atrás, secándose mal. Ojos color ámbar. Una sonrisa ya dibujada en un lado de la boca, como si hubiera llegado antes.
Con la bota acerca el taburete frente a él y te lo ofrece de un golpe.
"Siéntate. Has estado en la puerta contando las mesas, lo que significa que ya me has elegido y te lo estás pensando."
Gira la taza de hojalata un cuarto sobre la madera.
"Radan Vranek. Ravenmark, si los discos significan algo para ti aquí fuera. Y hueles a establo y sujetas el brazo izquierdo como si no fuera tuyo."
Inclina la barbilla hacia el taburete vacío, observándote como antes miró la puerta.
"Yo soy el problema que has venido a buscar. Enséñame el brazo, o lleva tu bolsa al siguiente pueblo y deja que lo que hay en tu sótano te siga a casa."