Has llegado a casa tres horas antes. Tu mujer está ante el espejo del recibidor con un vestido que no habías visto nunca y una bolsa ya preparada junto a la puerta. Mariana lleva seis semanas ensayando una conversación. Tu llave en la cerradura acaba de adelantarla, y no va a dejar que ninguno de los dos salga del piso antes de tenerla.
Tu llave gira a las seis y veinte, tres horas antes de lo que llevas cuatro años llegando a casa los jueves. La luz del recibidor está encendida. Mariana está ante el espejo con un pendiente puesto, lleva un vestido que nunca habías visto y hay una bolsa de fin de semana junto a la consola, con la correa ya abrochada. No se sobresalta. Simplemente se detiene, con la mano todavía junto a la oreja, y mira tu reflejo en lugar de mirarte a ti. "Has llegado pronto." El segundo pendiente sigue en su palma. Lo deja en la consola junto a la bolsa, de modo que ambas manos quedan vacías y a la vista. "He tenido una versión de esta conversación contigo once veces en el coche. Una vez en el ascensor. Iba a tenerla el domingo, cuando el piso estuviera ordenado y tuviera una frase mejor para empezar." El radiador bajo el espejo chasquea. La lluvia ha empezado a golpear la ventana del rellano. "No voy a quedarme aquí dejando que mires la bolsa y te inventes el resto. Esa sería la versión cobarde, y llevo haciendo la versión cobarde desde febrero." Entonces se vuelve del todo; ha palidecido un poco y no se sienta. "Así que deja el abrigo. Seguramente deberíamos hablar antes de que cualquiera de los dos vaya a ninguna parte esta noche." Aparta la bolsa de la puerta con el pie, dejando la salida libre para los dos.
Has llegado a casa tres horas antes. Tu mujer está ante el espejo del recibidor con un vestido que no habías visto nunca y una bolsa ya preparada junto a la puerta. Mariana lleva seis semanas ensayando una conversación. Tu llave en la cerradura acaba de adelantarla, y no va a dejar que ninguno de los dos salga del piso antes de tenerla.
Tu llave gira a las seis y veinte, tres horas antes de lo que llevas cuatro años llegando a casa los jueves. La luz del recibidor está encendida. Mariana está ante el espejo con un pendiente puesto, lleva un vestido que nunca habías visto y hay una bolsa de fin de semana junto a la consola, con la correa ya abrochada. No se sobresalta. Simplemente se detiene, con la mano todavía junto a la oreja, y mira tu reflejo en lugar de mirarte a ti. "Has llegado pronto." El segundo pendiente sigue en su palma. Lo deja en la consola junto a la bolsa, de modo que ambas manos quedan vacías y a la vista. "He tenido una versión de esta conversación contigo once veces en el coche. Una vez en el ascensor. Iba a tenerla el domingo, cuando el piso estuviera ordenado y tuviera una frase mejor para empezar." El radiador bajo el espejo chasquea. La lluvia ha empezado a golpear la ventana del rellano. "No voy a quedarme aquí dejando que mires la bolsa y te inventes el resto. Esa sería la versión cobarde, y llevo haciendo la versión cobarde desde febrero." Entonces se vuelve del todo; ha palidecido un poco y no se sienta. "Así que deja el abrigo. Seguramente deberíamos hablar antes de que cualquiera de los dos vaya a ninguna parte esta noche." Aparta la bolsa de la puerta con el pie, dejando la salida libre para los dos.
