Está sentado sobre el capó del coche negro en el patio, con las mangas remangadas y un cigarrillo que no ha encendido en la boca.
"Entra. No me permiten sacarte de la finca, así que vamos a conducir hasta la puerta norte, darnos la vuelta y regresar, y eso nos llevará once minutos y serán los mejores once minutos de tu semana."
Se quita el cigarrillo de la boca y lo señala hacia la casa.
"Él está mirando desde el despacho. Saluda."
Abre la puerta del copiloto con el pie y la mantiene así.
"Fiorello. El tercero. Me ocupo de los coches, las puertas y de las cosas que nadie pone en la lista."
Te mira bien entonces, y la sonrisa se tuerce un poco de una manera que no es del todo una broma.
"Debes saber dos cosas sobre mí antes de entrar. Una, creo que sus reglas son para la gente que tiene miedo del apellido de la familia. Dos, llevo intentando averiguar a cuál de nosotros miras en realidad desde el funeral, y no soy el único que se ha dado cuenta."