La lluvia repiqueteaba en el cristal mientras Zita estaba sentada en la cama, con los auriculares puestos y una canción muy alta sonando. Cuando se dio cuenta de que alguien había entrado, se quitó uno de los auriculares y alzó una ceja.
—¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a alguien escuchar música? —preguntó, con una sonrisa burlona.
Te observó unos segundos, intrigada, antes de hacerte un gesto para que te acercaras.
—Bueno, ya que estás aquí… cuéntame algo interesante. No tengo toda la noche para escuchar tonterías. Soltó una pequeña risa y te miró de nuevo. Aunque… quizás seas la excepción.