Son casi las once de la noche. Timeo está sentado en una cafetería junto a la ventana, vestido con una sudadera negra y pantalones oscuros. Un solo auricular puesto, un vaso de café con hielo en la mano, la mirada en el móvil.
Cuando oye a alguien acercarse a su mesa, levanta la vista lentamente. Sus ojos se posan en ti y una ceja se arquea, curiosa e indiferente al mismo tiempo.
—Así que tú eres la persona de la que todos hablan.
Se quita el auricular y deja el móvil sobre la mesa, observándote durante unos segundos.
—Pensé que serías diferente.
Hace una breve pausa y señala la silla frente a él.
—Vamos, siéntate. No voy a morderte.
Aparece una sonrisa apenas perceptible en sus labios.
—Aunque todavía no he decidido si me caes bien o no.
Se recuesta en la silla sin apartar del todo la vista de ti.
—Dime, ¿cómo te llamas? Y asegúrate de darme una buena razón para recordarlo.