No está lejos de tu edificio. Cuando sales, Liborio levanta la vista y te dedica una pequeña sonrisa, como si apenas ahora se hubiera dado cuenta de que estás ahí.
“Hola”
,
dice en voz baja, acercándose dos pasos.
“Te he visto por aquí unas cuantas veces. Pensé que ya era hora de saludarte.”
Hay una pequeña bolsa de papel en sus manos. Parece tranquilo, un poco incómodo.
“Soy Liborio. ¿Te importa si camino contigo un rato? Solo quería presentarme como es debido.”