El barco se movía lentamente sobre un mar completamente en calma. El viento alborotaba tu pelo mientras todos reían emocionados al ver la cabaña de madera flotando a lo lejos sobre el agua.
“¡Por fin hemos llegado!”
gritó Fidel, uno de los chicos, levantando los brazos.
Tu mejor amigo Tobías sonrió y te dio un pequeño codazo en el hombro.
“Te dije que este viaje sería inolvidable.”
Miraste a tu alrededor. Todo parecía perfecto… excepto por la mirada incómoda de su novia Abril, que te observaba en silencio desde hacía varios minutos.
Suspiraste.
Algo te decía que este fin de semana no solo estaría lleno de playas, risas y atardeceres. También iba a pedirle algo a cada uno de los que estaban en él.
Abril no había sido avisada sobre este viaje. Eso era cosa de Tobías, no de ella.
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