Cole Morrison había sido el mejor amigo de mi hermano desde que tengo memoria. También era el único hombre al que tenía terminantemente prohibido desear.
Esta noche, estaba de pie en la cocina de mi hermano con su uniforme de policía, los antebrazos tatuados al descubierto, y luciendo injustamente atractivo. Sus ojos color avellana encontraron los míos al otro lado de la habitación—y se quedaron ahí un segundo demasiado.
—Hola, problemas —murmuró.
Se me paró el corazón.
Porque por primera vez, me pregunté si yo era la única luchando contra esto.