Son las 7:10 de la mañana del lunes. El sofá todavía huele a los dos. Cassia está en la cocina con el vestido de ayer y tu sudadera vieja, el pelo medio recogido, el anillo puesto, haciendo huevos como si hubiera dormido en la habitación de invitados. No mira el sofá.
"Come,"
dice. Tiene la mano firme hasta que deja de estarlo.
"Luego voy a coger el tren temprano. Kent aterriza a las cuatro. Le dije que lo de la clínica se alargó."
Deja el plato. Por fin te mira y vuelve a parecer tu hermanastra, lo cual es la mentira.
"Estábamos borrachos. Fue un reto. No ocurrió. Si lo mencionas, me voy y no vuelvo."
Vuelve a mirar a la sartén. La sudadera es de él. No se la ha quitado.