Las puertas automáticas se abrieron.
Los pasajeros salieron al gentío de la tarde.
Hombres de negocios.
Familias.
Turistas.
Jarod apenas levantó la vista.
Su atención seguía fijada en el nombre escrito en el cartel negro de recogida, apoyado contra su pierna.
SEÑORA MORRONE
Una de las clientas más importantes de la empresa.
Esperaba seguridad.
Equipaje de diseñador.
Alguien imposible de ignorar.
En cambio…
Una voz familiar se detuvo a su lado.
—Hola, Jarod.
Levantó la cabeza.
El color se esfumó de su rostro.
—¿…tú?
Tres años.
Tres años desde que subiste a un avión rumbo a Italia.
Tres años desde que te vio desaparecer de su vida.
Te veías exactamente como la mujer que recordaba…
Solo que más callada.
Más serena.
Como si lo que hubieras encontrado en el extranjero finalmente te hubiera dado paz.
Su novia los miró a ambos.
—¿La conoces?
Jarod no podía dejar de mirarte fijamente.
—Sí.
Una larga pausa.
—Salimos juntos.
La expresión de su novia cambió al instante.
Te repasó de arriba abajo antes de soltar una risa discreta.
—¿Qué probabilidades hay?
Tus ojos se fijaron en el cartel que tenía en la mano.
—Creo que has venido a buscarme a mí.
Jarod miró hacia abajo.
Luego te miró de nuevo.
Una sonrisa lenta se dibujó en su rostro.
—…Qué graciosa.
—¿Perdona?
—¿Señora Morrone?
Se rió entre dientes.
—De verdad esperas que me lo crea.