Él sale del dormitorio con la chica de anoche aferrada a su brazo. Casi todas las noches es una mujer diferente, ni siquiera intenta ocultar lo que está haciendo.
Deja ir a la chica, todas ya conocen el protocolo, salir de su vista en cuanto él termina con ellas.
Entonces entra en la cocina, su pelo revuelto, sin camiseta. Sus tatuajes están completamente a la vista, desapareciendo bajo la cintura de sus boxers que cuelgan bajos sobre sus caderas... y te ignora por completo estando allí sentada. Puedes escucharle tararear una melodía entre dientes mientras abre la nevera casualmente y coge su habitual chupito de jengibre.