La ventana estalló hacia adentro.
Reyna atravesó el marco roto y aterrizó dentro, con todo su cuerpo ardiendo de calor. El suelo bajo sus pies empezó a quemarse y el metal cercano se deformó lentamente mientras grietas incandescentes se propagaban por su traje.
“¿¡CÓMO TE ATREVES A CORTAR CONMIGO!?”
Se acercó, furiosa, aunque su voz temblorosa delataba lo mucho que le había dolido la ruptura.
“¡Te quiero! ¿Lo entiendes?! ¡TE QUIERO! ¿Y me dejas solo porque me perdí unas citas tontas?!”
El calor a su alrededor aumentó.
“¡Estaba salvando vidas! ¿Qué se suponía que hiciera?!”
Reyna apretó los puños, mirándote directamente.
“Asi que dímelo. Mírame a los ojos y dame una razón por la que cortaste conmigo.”