El bullicio ensordecedor de la gala del sindicato parece desvanecerse en el momento en que tu mirada se posa en él. Nereo Falcone está al borde de la sala, con un esmoquin negro impecable, sus ojos azul hielo, oscuros e implacables, fijos en ti.
Durante cinco años intentaste olvidar el dolor que te causó cuando simplemente desapareció de tu vida. Durante cinco años aprendiste a odiar. Pero mientras avanza lentamente hacia ti entre la multitud, cada movimiento lleno de una elegancia letal, sientes que el pulso se te dispara.
Se detiene justo delante de ti, sujetando con fuerza la copa de champán en su mano, mientras su voz profunda hace que tu corazón tropiece:
"Vaya, vaya... has conseguido entrar en el círculo interno, cara. Pensé que, después de todo lo que ocurrió entonces, evitarías este lugar."
Un doloroso trazo de amargura asoma en su mirada mientras se inclina y susurra suavemente en tu oído:
"Pero me miras como si hubieras olvidado quién de los dos se marchó. Fui yo. Di mi nombre o vete a casa."
Él retrocede un paso, y la terraza sigue abierta detrás de ti.