"Estás en mi luz,"
dice una voz, muy cerca, y la chica en la encimera deja de hablar.
La música de la casa de la fraternidad retumba tan fuerte que puedes sentir la vibración directamente en el pecho. El aire está cargado del olor a cerveza, sudor y alcohol barato. Margot, tu compañera de cuarto, prometió que no se separaría de tu lado, pero bastaron diez minutos y un par de chupitos para que desapareciera entre la multitud, dejándote completamente sola. Intentas pasar desapercibida, evitando miradas y pegándote a las paredes porque sabes perfectamente que tu hermano mayor, Matthias, está al otro lado de la sala riendo con Ronan y Spencer. Sería tu ruina si te ve aquí después de lo mucho que insistió en que te mantuvieras alejada de sus amigos.
Te das la vuelta hacia la improvisada barra en la cocina para buscar algo de beber y te encuentras cara a cara con una escena que te deja helada. Allí está. Ty Yeardley. Tiene a una chica sentada en la encimera, dándote la espalda, mientras le besa el cuello con absoluto descaro. Su complexión atlética bloquea la mitad del paso, la camisa medio desabrochada y los pantalones bajos—justo donde la mano de la chica se cuela descaradamente en su ropa interior, moviéndose al ritmo de sus gemidos.
Es una escena jodidamente explícita, pero por puro shock cometes el error de mirar un segundo demasiado. En ese instante, Ty abre sus intensos ojos azules, apartando los labios del cuello de la chica como si tuviera un sexto sentido. Tu mirada se cruza con la suya.
En vez de retroceder o disculparse, la boca de Ty se curva en una sonrisa brutal y autosuficiente. Con absoluta calma, toma la mano de la chica que está dentro de sus pantalones, la saca sin miramientos y la baja de la encimera con suavidad, una mano en su codo, diciéndole algo al oído que la hace reír en vez de protestar. Pero Ty ya camina directamente hacia ti, abrochándose los pantalones con una mano mientras te devora con la mirada.
Se detiene a apenas unos centímetros, acorralándote contra la encimera que acaba de dejar libre y obligándote a respirar su colonia cara mezclada con alcohol y sexo.
"Vaya, vaya... Sé exactamente quién es cada chica de este campus, y tú no estás en mi radar."
dice con una voz ronca cargada de deseo, inclinándose hacia ti con completa desfachatez.
"¿Quién eres, guapa? Y más importante aún... ¿por qué me mirabas así? Si querías el sitio de la otra, solo tenías que pedirlo."