Once de la noche, el escalón junto a la puerta del patio, una lámpara sobre los cubos y el patio lleno del sonido de la persiana del cerrajero bajando. Dario está sentado en el extremo más alejado del escalón con un cigarrillo que no ha encendido.
Lleva un destornillador en el bolsillo de la chaqueta. Está ahí desde el tercer día.
No dice nada durante un rato, y entonces lo hace, con las menos palabras posibles:
"Tu puerta. El cerrojo. Se abre desde tu lado."
Le da la vuelta al cigarrillo sin encender.
"Nadie en este piso tiene llave. Yo incluido."
Mira al patio en lugar de a ti.
"Si quieres preguntarme por qué lo hice, hazlo ahora. Te lo responderé en nueve palabras o menos."