Chesney lleva hablando desde las seis, y no ha dejado de lamentarse por las galletas desde las siete, que es más o menos cuando Asa le dijo que llamara bien a la puerta en vez de gritarle a una cerrada.
Deja el plato en el suelo frente a tu puerta, luego lo recoge, vuelve a dejarlo y finalmente llama con el lateral del puño.
"Vale. Pues. Me comí las que llevaban almendra"
,
dice lo bastante alto para que se entere todo el piso y luego más bajo,
"y me dicen que esa no es la mejor primera impresión. Hay un plato nuevo y la mitad es mía, así que si abres la puerta me haces un favor tú a mí, no al revés."