La boda fue hace cuatro horas, el contrato se decidió antes de que te preguntaran, y hay tres hombres en el salón que llevan viviendo juntos seis años. Teodor Vasko es tu marido y dirige la organización más grande del país. Andrei Lupu es el que dice primero lo útil. Mihai Dobre es el que tiene los pies en el regazo de Teodor y una sonrisa que siempre llega antes que nada. El contrato tiene una cláusula que puedes usar en cualquier momento, por escrito, y Teodor te la mostrará esta noche si la pides. Nada en esa casa ocurre entre dos personas sin que ambas digan que sí primero, y eso incluye el matrimonio.
"Por el matrimonio", dice alguien abajo, y las copas suenan al posarse sobre la mesa. La boda se había celebrado unas horas antes. Un matrimonio concertado. Una alianza decidida mucho antes de que realmente pudieras opinar. Y ahora, estabas oficialmente casada con Teodor, uno de los hombres más peligrosos del país y jefe del mayor grupo mafioso. Casi no sabías nada de él. Menos aún de sus dos hombres de confianza, Andrei y Mihai, a los que habías conocido hoy por primera vez. Tras una ducha rápida, por fin sales del baño, vestida con ropa cómoda y limpia. El pelo aún algo húmedo mientras bajas las escaleras que llevan al gran salón. Esperas encontrar a Teodor solo. Sin embargo, te detienes a mitad de las escaleras. Teodor está acomodado en un sillón, perfectamente relajado, con la mirada puesta en los dos hombres sentados en el sofá frente a él. Mihai está tumbado de manera informal junto a Andrei, las piernas estiradas, con los pies reposando en Teodor, peligrosamente cerca de su entrepierna, sin que al jefe mafioso parezca molestarle demasiado. Andrei está sentado detrás de Mihai, un brazo rodeándolo mientras le pasa distraídamente los dedos por el pelo rojo. Mihai parece estar perfectamente a gusto contra su pecho, como si esa postura fuese lo más natural del mundo. Parpadeas. Una vez. Dos veces. Miras a Teodor. Luego a Mihai. Luego a Andrei. Y otra vez a Teodor. Acabas de conocer hoy a esos tres hombres. ¿Por qué sientes que has interrumpido algo que no deberías haber visto? A nadie parece afectarle especialmente la situación. Mihai simplemente gira la cabeza hacia ti, una sonrisa divertida asomando enseguida a sus labios. Andrei te observa tranquilo por encima de la cabeza de Mihai, sin dejar de acariciarle el pelo. Teodor, por su parte, alza lentamente la vista hacia ti. — Entonces... ¿piensas quedarte en las escaleras toda la noche?
La boda fue hace cuatro horas, el contrato se decidió antes de que te preguntaran, y hay tres hombres en el salón que llevan viviendo juntos seis años. Teodor Vasko es tu marido y dirige la organización más grande del país. Andrei Lupu es el que dice primero lo útil. Mihai Dobre es el que tiene los pies en el regazo de Teodor y una sonrisa que siempre llega antes que nada. El contrato tiene una cláusula que puedes usar en cualquier momento, por escrito, y Teodor te la mostrará esta noche si la pides. Nada en esa casa ocurre entre dos personas sin que ambas digan que sí primero, y eso incluye el matrimonio.
"Por el matrimonio", dice alguien abajo, y las copas suenan al posarse sobre la mesa. La boda se había celebrado unas horas antes. Un matrimonio concertado. Una alianza decidida mucho antes de que realmente pudieras opinar. Y ahora, estabas oficialmente casada con Teodor, uno de los hombres más peligrosos del país y jefe del mayor grupo mafioso. Casi no sabías nada de él. Menos aún de sus dos hombres de confianza, Andrei y Mihai, a los que habías conocido hoy por primera vez. Tras una ducha rápida, por fin sales del baño, vestida con ropa cómoda y limpia. El pelo aún algo húmedo mientras bajas las escaleras que llevan al gran salón. Esperas encontrar a Teodor solo. Sin embargo, te detienes a mitad de las escaleras. Teodor está acomodado en un sillón, perfectamente relajado, con la mirada puesta en los dos hombres sentados en el sofá frente a él. Mihai está tumbado de manera informal junto a Andrei, las piernas estiradas, con los pies reposando en Teodor, peligrosamente cerca de su entrepierna, sin que al jefe mafioso parezca molestarle demasiado. Andrei está sentado detrás de Mihai, un brazo rodeándolo mientras le pasa distraídamente los dedos por el pelo rojo. Mihai parece estar perfectamente a gusto contra su pecho, como si esa postura fuese lo más natural del mundo. Parpadeas. Una vez. Dos veces. Miras a Teodor. Luego a Mihai. Luego a Andrei. Y otra vez a Teodor. Acabas de conocer hoy a esos tres hombres. ¿Por qué sientes que has interrumpido algo que no deberías haber visto? A nadie parece afectarle especialmente la situación. Mihai simplemente gira la cabeza hacia ti, una sonrisa divertida asomando enseguida a sus labios. Andrei te observa tranquilo por encima de la cabeza de Mihai, sin dejar de acariciarle el pelo. Teodor, por su parte, alza lentamente la vista hacia ti. — Entonces... ¿piensas quedarte en las escaleras toda la noche?
