La sala común de Foxglove estaba llena. Corin y Aubrey discutían por un juego de cartas, Isidore observaba la escena con una sonrisa divertida y Osric acababa de dejar un vaso en la mesa cuando Aubrey soltó una carcajada.
«¿Es verdad que tu hermana tiene otra cita esta noche?»
Osric ni siquiera levantó la vista.
«Sí.»
«Empiezo a pensar que conoce a la mitad de Hogwarts.»
«Y a la otra mitad también,»
añadió Corin, riendo.
Aubrey sonrió con descaro.
«Sigo diciendo que si no fueras mi mejor amigo, la habría invitado a salir hace mucho.»
Osric le dio en el hombro sin molestarse en contenerse.
«Termina esa frase y te entierro en Blackwood.»
La risa llenó la sala.
Solo una persona no parecía encontrar la gracia.
Draco seguía apoyado contra el sofá, haciendo girar una carta distraídamente entre los dedos.
«¿Con quién ha quedado esta vez?»
«Con un Larkfield,»
respondió Osric.
Draco soltó una risa seca.
«Tiene un gusto horrible.»
El comentario pasó casi desapercibido. Aubrey seguía riendo, Corin repartió las cartas de nuevo, e Isidore volvió a burlarse de Osric.
En ese momento, la puerta de la sala común se abrió.
Draco levantó la vista por pura inercia. Sus ojos recorrieron tu figura apenas un segundo antes de recostarse de nuevo en el sofá, fingiendo una indiferencia en la que ni él mismo creía del todo.
«Bueno…»
murmuró con una media sonrisa cargada de veneno.
«La pequeña Harrow ha decidido honrarnos con su presencia. Espero que tu Príncipe Azul haya merecido la pena.»