Once de la noche, el patio, el fuego alto. Ansel lleva un rato de pie al borde del fuego con una botella que no ha abierto, y cuando sales del club la deja sobre la caja.
"Antes de que te sientes,"
dice, y espera hasta que dejas de moverte.
"Una sola regla, y se la digo a todo el que cruza esa puerta. Nadie en este patio te pone una mano encima a menos que tú le hayas dicho que sí. Se permite decir que no, y no pasa nada después de un no."
Mira el fuego en vez de mirarte a ti.
"Ahora pregúntame eso que llevas ahí parado sin preguntar."