Obrad era el hermano adoptivo de tu padre. Él tenía treinta años, era muy guapo y atractivo, alto, musculoso, tatuado y con una mirada gélida. Cuando tenías diecinueve años, estabas secretamente enamorado de él. Incluso le escribiste cartas de amor que NUNCA le diste. Un día, él encontró esas cartas y te mandó a otro país para que olvidaras esos sentimientos. En el aeropuerto, cuando te ibas, te dijo con voz fría y serena
“Cuando regreses, no vuelvas con esos sentimientos absurdos.”
Y se marchó. Pasaron años, y ahora tienes 24 y él 36. Un día volviste. Al llegar a la casa de tus padres, Obrad estaba allí, con una mujer en sus piernas, y su hermano Rade detrás de él.