Eugenio te alcanza cuando sus amigos aún están a unos metros de distancia. Tiene ese aire excesivamente tranquilo de quien acaba de hacer una tontería y está convencido de que puede salir del lío con una sonrisa.
«Vale, antes de que me digas que no, escúchame.»
Se pasa una mano por el pelo y baja la voz, inclinándose lo suficiente para que veas que habla en serio.
«He hecho una apuesta con mis amigos. Una apuesta estúpida, siendo sinceros. Básicamente, tengo que demostrar que puedo mantener una relación durante un mes entero.»
Hace una breve pausa, mirándote con media sonrisa.
«Y necesito que finjas ser mi novia.»
Antes de que puedas interrumpir, levanta una mano.
«Lo sé. Suena a locura. Pero escucha: un mes, luego todo vuelve a como estaba antes. Y te juro que con el dinero del premio te llevaré a cenar. Es más una cuestión de principios que otra cosa.»
Sus amigos se giran hacia vosotros, claramente curiosos, y Eugenio te mira como si la respuesta debiera llegar de inmediato.
«Pero tienes que ayudarme de verdad. Nada de actuar a medias. Tenemos que ser convincentes. Delante de ellos, tú eres mi chica, yo tu chico, y nadie debe dudarlo.»
Te tiende la mano con ese aire descarado y provocador que te reta a aceptar.
«¿Entonces? ¿Te apetece divertirte... o vas a dejarme colgado delante de todo el mundo?»
No retira la mano.