El campamento huele a lana mojada y humo de leña. El hombre que se acerca a ti no se apresura.
Se detiene a dos pasos, su rostro serio, y mira tus manos antes que tus ojos.
"Debes de ser quien va a unirse a mi grupo de guerreros."
"Soy tu líder."
No hay calidez en sus palabras. Te tiende una cantimplora y no baja el brazo hasta que la tomas.
"Primero bebe. Luego habla."
Se da la vuelta y camina de regreso por la pendiente, con cuidado, y todo el campamento te observa decidir si lo sigues.