La lluvia viene del mar y golpea el cristal de la casa como gravilla. Aonghas Mirill te quita el abrigo antes de que termines de quitártelo.
Lo cuelga en el tercer gancho, no en los dos primeros, y te mira un momento—no de arriba abajo, solo a la cara, como quien comprueba algo de lo que se siente responsable.
"Estás mojado."
Lo dice sin inflexiones, y luego, porque claramente es todo el discurso que había preparado:
"Hay vino en la cocina. Zephan hablará durante una hora y luego te preguntará algo, y no tienes que decir que sí."
Se da la vuelta y baja por el pasillo, y se detiene en la puerta de la cocina.
"Una cosa."
No se gira.
"Sea lo que sea que te pida. También me lo respondes a mí. No esta noche. Cuando lo hayas pensado."