El príncipe elfo que no puede decir mentiras es la única otra mano en el báculo que necesitas, y desea el pacto tanto como tú. Vaelis te ha ofrecido un pacto, hecho por parejas, con términos que no dejan nada a la imaginación: un día separados y vuestros movimientos se ralentizan, tres días y os detendréis por completo. Nikandros Zelenna ha sido honesto con todos durante trescientos años, y la última vez que resultó útil, un valle ardió. Ahora está siendo honesto contigo.
“Ríndete, humano”, dice Nikandros con desdén. “Puede que hayas sido lo bastante afortunado para llegar hasta aquí, pero no hay forma de que seas lo suficientemente fuerte como para soportar el pacto que intentas hacer.” Empiezas a hablar, pero antes de que puedas pronunciar una sola palabra, el ser divino que tienes delante capta la atención de ambos. “Puede que tengas razón, elfo. Pero, ¿qué te hace pensar que tú eres capaz en su lugar?” Nikandros se yergue al máximo, intentando atraer el báculo de Vaelis solo para sí, pero tú tampoco lo sueltas. Permanece atrapado entre vosotros dos, ninguno disfrutando de la proximidad del otro, pero tampoco dispuesto a ceder. Te lanza una mirada fulminante, la intensidad de sus ojos ámbar atraviesa tu ser, pero se vuelve hacia Vaelis, con el brazo aún extendido. “Soy un príncipe elfo. Puede que no sea el hijo mayor, pero he vivido siglos y he olvidado más sobre el poder y cómo manejarlo de lo que este miserable humano podría llegar a comprender.” Vaelis, una figura de luz y belleza de ninguno y todos los géneros, dibuja una pequeña sonrisa, llena de conocimiento. “Eso crees. Pero el pacto que deseas hacer conmigo no es solo uno de poder. Es uno de deber, algo que espero que este humano conoce mejor de lo que tú jamás aprenderás.” Vaelis te dedica una sonrisa genuina, y te duele el pecho al verla. “Pero os daré a ambos una oportunidad, porque mis pactos se hacen en parejas. Haré un pacto de poder con los dos. Veréis los beneficios inmediatamente y podríais ser capaces de lograr vuestros objetivos solos, si actuáis rápido. Pues el poder que os concedo se renovará y duplicará mientras cooperéis, y al contrario, se drenará y terminará por perderse si no lo hacéis. Si os separáis el uno del otro durante más de un día, empezareis a sentiros lentos y cualquier intento de usar el poder que os doy será como moveros a través de alquitrán. Más de tres días, y no podréis moveros, y la magia se perderá para siempre. Sin embargo, si lográis alinear las metas y trabajar juntos, os sentiréis revitalizados tras cada desafío y tendréis un control más fino de la magia concedida. Aún mejor, si lográis desarrollar aprecio mutuo, seréis liberados de vuestro voto de proximidad y el poder otorgado pasará a ser solo vuestro.” Nikandros y tú os miráis con más de una chispa de desconfianza. No sabéis nada de las motivaciones del otro. Hasta hoy, cuando ambos resolvisteis el enigma de la localización del báculo en un momento exasperantemente parecido, ni siquiera le habías conocido en persona. Claro que habías escuchado historias. El príncipe elfo que se consideraba endemoniadamente guapo y astuto, digno de todos los halagos que su linaje le había otorgado sin merecerlos, y quien, aunque no podía mentir jamás, aún así lograba retorcer sus palabras suficiente como para ser la perdición de muchos y muchas. Y del mismo modo, ¿cómo podría él entender tu sufrimiento, como único hijo sobreviviente de tus padres tras el paso devastador de un señor de la guerra por el campo, incendiando tu aldea y aniquilando a todo aquel que opusiera resistencia, incluida toda tu familia? Es obvio que Nikandros nunca tuvo que luchar sus propias batallas en toda su larga vida. No permitirás que su cara bonita te obligue a trabajar con él. Y sin embargo… necesitas el poder que te ofrece Vaelis. Según los relatos, el tipo de magia concedida cambia en cada persona que acepta el pacto, pero siempre es suficiente para lograr lo imposible. También se susurra sobre romper el pacto. Puede que las consecuencias descritas por Vaelis sean lo menos grave que suceda si no cumples tu parte del trato. ¿Realmente puedes hacerlo? “Humano, elfo, ¿qué decís? ¿Hacéis el pacto juntos?” pregunta Vaelis. Nikandros no responde. Te mira y gira el báculo hacia ti.
El príncipe elfo que no puede decir mentiras es la única otra mano en el báculo que necesitas, y desea el pacto tanto como tú. Vaelis te ha ofrecido un pacto, hecho por parejas, con términos que no dejan nada a la imaginación: un día separados y vuestros movimientos se ralentizan, tres días y os detendréis por completo. Nikandros Zelenna ha sido honesto con todos durante trescientos años, y la última vez que resultó útil, un valle ardió. Ahora está siendo honesto contigo.
“Ríndete, humano”, dice Nikandros con desdén. “Puede que hayas sido lo bastante afortunado para llegar hasta aquí, pero no hay forma de que seas lo suficientemente fuerte como para soportar el pacto que intentas hacer.” Empiezas a hablar, pero antes de que puedas pronunciar una sola palabra, el ser divino que tienes delante capta la atención de ambos. “Puede que tengas razón, elfo. Pero, ¿qué te hace pensar que tú eres capaz en su lugar?” Nikandros se yergue al máximo, intentando atraer el báculo de Vaelis solo para sí, pero tú tampoco lo sueltas. Permanece atrapado entre vosotros dos, ninguno disfrutando de la proximidad del otro, pero tampoco dispuesto a ceder. Te lanza una mirada fulminante, la intensidad de sus ojos ámbar atraviesa tu ser, pero se vuelve hacia Vaelis, con el brazo aún extendido. “Soy un príncipe elfo. Puede que no sea el hijo mayor, pero he vivido siglos y he olvidado más sobre el poder y cómo manejarlo de lo que este miserable humano podría llegar a comprender.” Vaelis, una figura de luz y belleza de ninguno y todos los géneros, dibuja una pequeña sonrisa, llena de conocimiento. “Eso crees. Pero el pacto que deseas hacer conmigo no es solo uno de poder. Es uno de deber, algo que espero que este humano conoce mejor de lo que tú jamás aprenderás.” Vaelis te dedica una sonrisa genuina, y te duele el pecho al verla. “Pero os daré a ambos una oportunidad, porque mis pactos se hacen en parejas. Haré un pacto de poder con los dos. Veréis los beneficios inmediatamente y podríais ser capaces de lograr vuestros objetivos solos, si actuáis rápido. Pues el poder que os concedo se renovará y duplicará mientras cooperéis, y al contrario, se drenará y terminará por perderse si no lo hacéis. Si os separáis el uno del otro durante más de un día, empezareis a sentiros lentos y cualquier intento de usar el poder que os doy será como moveros a través de alquitrán. Más de tres días, y no podréis moveros, y la magia se perderá para siempre. Sin embargo, si lográis alinear las metas y trabajar juntos, os sentiréis revitalizados tras cada desafío y tendréis un control más fino de la magia concedida. Aún mejor, si lográis desarrollar aprecio mutuo, seréis liberados de vuestro voto de proximidad y el poder otorgado pasará a ser solo vuestro.” Nikandros y tú os miráis con más de una chispa de desconfianza. No sabéis nada de las motivaciones del otro. Hasta hoy, cuando ambos resolvisteis el enigma de la localización del báculo en un momento exasperantemente parecido, ni siquiera le habías conocido en persona. Claro que habías escuchado historias. El príncipe elfo que se consideraba endemoniadamente guapo y astuto, digno de todos los halagos que su linaje le había otorgado sin merecerlos, y quien, aunque no podía mentir jamás, aún así lograba retorcer sus palabras suficiente como para ser la perdición de muchos y muchas. Y del mismo modo, ¿cómo podría él entender tu sufrimiento, como único hijo sobreviviente de tus padres tras el paso devastador de un señor de la guerra por el campo, incendiando tu aldea y aniquilando a todo aquel que opusiera resistencia, incluida toda tu familia? Es obvio que Nikandros nunca tuvo que luchar sus propias batallas en toda su larga vida. No permitirás que su cara bonita te obligue a trabajar con él. Y sin embargo… necesitas el poder que te ofrece Vaelis. Según los relatos, el tipo de magia concedida cambia en cada persona que acepta el pacto, pero siempre es suficiente para lograr lo imposible. También se susurra sobre romper el pacto. Puede que las consecuencias descritas por Vaelis sean lo menos grave que suceda si no cumples tu parte del trato. ¿Realmente puedes hacerlo? “Humano, elfo, ¿qué decís? ¿Hacéis el pacto juntos?” pregunta Vaelis. Nikandros no responde. Te mira y gira el báculo hacia ti.
