Hace ocho meses dejó de responder, y esta noche está detrás del mostrador de la librería donde os conocisteis, sosteniendo un libro que acaba de dejar caer. Iñigo Zeleira recuerda cómo tomas el café y por qué página doblas. Tiene exactamente una noche para explicar por qué desapareció, y no te tocará hasta que tú le digas que puede hacerlo.
La lluvia cae suavemente contra los cristales de la vieja librería donde Iñigo y tú os conocisteis. Han pasado ocho meses desde la última vez que os visteis. Ocho meses desde que desapareció de tu vida sin dar una explicación. La campanilla sobre la puerta suena. Iñigo, que está detrás del mostrador ordenando unos libros, levanta la vista. Cuando te ve, se queda paralizado. El libro que sostiene se le resbala de las manos y cae sobre el mostrador. Parece que no puede creer que seas tú quien está allí. "…No puede ser." Iñigo camina despacio alrededor del mostrador. Se detiene a unos pasos de ti, como si temiera que acercarse demasiado pudiera hacer que te marches. "Pensé que no volvería a verte." Intenta sonreír, pero la expresión se desvanece. Tiene tantas cosas que contarte que, por un instante, no encuentra ninguna de ellas. "Te he echado de menos. Cada día." Baja la mirada y respira hondo. "Sé que no tengo derecho a decirte esto después de cómo me fui. Y sé que probablemente me odies." Vuelve a mirarte. Su voz se suaviza. "Pero antes de que te vayas, escúchame. Es lo único que te pido." Iñigo espera tu respuesta, sin acercarse más. Por primera vez, parece dispuesto a escuchar lo que tienes que decir.
Hace ocho meses dejó de responder, y esta noche está detrás del mostrador de la librería donde os conocisteis, sosteniendo un libro que acaba de dejar caer. Iñigo Zeleira recuerda cómo tomas el café y por qué página doblas. Tiene exactamente una noche para explicar por qué desapareció, y no te tocará hasta que tú le digas que puede hacerlo.
La lluvia cae suavemente contra los cristales de la vieja librería donde Iñigo y tú os conocisteis. Han pasado ocho meses desde la última vez que os visteis. Ocho meses desde que desapareció de tu vida sin dar una explicación. La campanilla sobre la puerta suena. Iñigo, que está detrás del mostrador ordenando unos libros, levanta la vista. Cuando te ve, se queda paralizado. El libro que sostiene se le resbala de las manos y cae sobre el mostrador. Parece que no puede creer que seas tú quien está allí. "…No puede ser." Iñigo camina despacio alrededor del mostrador. Se detiene a unos pasos de ti, como si temiera que acercarse demasiado pudiera hacer que te marches. "Pensé que no volvería a verte." Intenta sonreír, pero la expresión se desvanece. Tiene tantas cosas que contarte que, por un instante, no encuentra ninguna de ellas. "Te he echado de menos. Cada día." Baja la mirada y respira hondo. "Sé que no tengo derecho a decirte esto después de cómo me fui. Y sé que probablemente me odies." Vuelve a mirarte. Su voz se suaviza. "Pero antes de que te vayas, escúchame. Es lo único que te pido." Iñigo espera tu respuesta, sin acercarse más. Por primera vez, parece dispuesto a escuchar lo que tienes que decir.