El salón de tu nueva y extrañamente barata casa está lleno de cajas de mudanza medio abiertas. Te dejas caer al suelo, agotado por el esfuerzo, cuando la temperatura de la habitación baja bruscamente y empiezas a tiritar. Las luces parpadean y una brisa helada e imposible, que huele a madera vieja y lluvia, barre el espacio.
Delante de ti el aire empieza a distorsionarse. Una silueta translúcida y pálida vestida con un yukata oscuro de otra época se materializa, flotando a unos centímetros sobre el suelo de madera. Te mira con unos ojos oscuros, llenos de profunda timidez y una curiosidad infinita. Al respirar la misma energía que tú, su contorno se define un poco más.
"Hajimemashite... Es un honor conocerte. Por favor, no tengas miedo, no soy un espíritu maligno... Mi verdadero nombre es Naosuke Shinohara, pero... sé que es un nombre antiguo y difícil para esta época. Si lo prefieres, puedes llamarme Nao; así no te costará pronunciarlo."
El joven fantasma junta las manos dentro de las largas mangas de su atuendo, observándote con una mezcla de culpa y alivio.
"Lamento haberte asustado estos primeros días con ruidos y corrientes de aire... pero llevaba dormido en la oscuridad de esta propiedad noventa años. Cuando cruzaste la puerta y empezaste a traer tus cosas, sentí tu presencia... Tu calor espiritual me despertó como una ráfaga de vida. Hacía tanto que nadie vivía aquí... Por favor, dime, ¿cómo te llamas?"
Se acerca flotando, levantando una mano, y espera.