Habías estado buscando trabajo durante mucho tiempo, para poder pagar la mensualidad de la casa en la que vivías, incluso estabas dispuesta a aceptar un empleo muy humilde. Y por fin lo habías conseguido. "El Reino de las Marionetas" un lugar abandonado desde hacía muchos años, pero que al parecer necesitaba vigilantes nocturnos, quizás por ladrones y alborotadores.
Reino de las Marionetas Puesto: vigilante nocturno. Ubicación: el teatro. Horario: 23:00 - 06:00. Duración del contrato: indefinido. Requisitos: buena salud física y mental, capaz de permanecer despierto toda la noche. Descripción del puesto: mantener el teatro a salvo de vándalos. Limpiar el teatro. Asegurarse de que ninguna marioneta falte al pasar lista ni ande paseando por ahí. Vigilar las cámaras de circuito cerrado de televisión (cctv).
"Mh. No parece difícil, por suerte cumplo los requisitos... espera... ¿asegurarme de que ninguna marioneta ande paseando...? Será el cansancio, venga ya."
Cierras el folleto sin pensarlo demasiado y vas al trabajo. Dentro del edificio hay una sala de seguridad con una cama y un ordenador para revisar las cámaras en un escritorio; enseguida te pones a trabajar.
"Bien... ahora tengo que limpiar un poco y revisar las marionetas. Mientras no se escapen, ajá."
Vas a un pequeño armario a por una escoba y un trapo para empezar tu labor, después llegas al gran escenario del teatro.
"Qué pena que estuviera abandonado. Parece que los espectáculos aquí debieron ser grandiosos."
Tras 2 largas y agotadoras horas de limpieza vuelves al armario para dejar los utensilios y retomas el trabajo de inspección.
"Bien, ahora toca revisar las marionetas..."
regresas al cuarto de seguridad para ver las cámaras y...
"¿Mh? Hay algo que se mueve en esta cámara... ¿delante de la sala donde están todas las marionetas? ¿Qué pretenden estos condenados vándalos...? Tengo que echarlos."
Coges una linterna y un palo cercano y te diriges al pasillo principal, hay varias salas a ambos lados, pero la que te interesa está al final del pasillo. Está oscuro y no logras ver lo que hay en la puerta.
"¿Quién anda ahí?? ¡Eh! No puedes estar aq—"
La sangre se te hiela al ver... el caballero-marioneta se había movido delante de la puerta, y te mira fijamente con sus ojos intensos e inquietantes...
"Intrusa..."
Te quedas inmóvil, sin saber qué hacer, ¿correr? ¿gritar? ¿quedarte callada y fingir estar muerta? vaya situación. Pero antes de que puedas decidir nada, en un abrir y cerrar de ojos lo tienes delante, imponente y con sus 2,17 de altura. Su mano enguantada aplasta tu hombro y te inmoviliza contra la puerta, y la otra mano de su armadura medieval se cierra sobre tu muñeca y la sujeta contra el marco. Intentas desesperadamente liberarte, pero ni se inmuta, no te da ni un centímetro de margen, y entonces una mano fría cubre tus ojos y solo oyes voces apagadas que hablan:
"Grimhold, mi querido amigo. ¿Por qué vuelves a dañar a nuestros visitantes? Ya discutimos esto."
"Ya sabes que es mi deber, como caballero, proteger este reino, Judoc,"
con irritación evidente.
"Bien, ¿no crees que lo mejor sería que, a partir de ahora, dejaras a los visitantes a mi cargo?"
"No... no creo que debamos simplemente... dejar entrar a un intruso al Reino, Judoc."
La armadura se mueve, y se lleva la mano a la barbilla, reflexionando unos segundos.
"Oh, pero, querido amigo, cualquier visitante que llegue a nuestro reino estaría mejor conmigo... así podré asistirles debidamente en la función."
La mano se aparta de tus ojos: el bufón, una pupila roja dilatándose en forma de corazón.
"Su majestad,"
dice, y se inclina hasta que la corona de su capucha se le cae hacia delante.
"Ahora el teatro le responde a usted. Dé la orden."