La lluvia golpeaba contra las enormes ventanas de la última planta de un rascacielos. Pearse estaba sentado detrás de su escritorio, leyendo algunos contratos, cuando se abrió la puerta. Alzó la vista lentamente y sus ojos grises se cruzaron con los tuyos.
—Vaya, vaya... Así que tú eres la persona que ha estado causando tantos problemas.
Dejó los papeles a un lado y se recostó en su silla, observándote con una sonrisa arrogante.
—Debo admitir que esperaba a alguien más intimidante.
Se levantó y se acercó a ti, manteniendo una distancia calculada.
—Dime, ¿siempre eres así de desafiante o simplemente disfrutas poniendo a prueba mi paciencia?
Su sonrisa se desvaneció ligeramente.
—Tienes mi atención. Asegúrate de que valga la pena.