Despiertas en una habitación desconocida, con una manta sobre las piernas. La puerta se abre y aparece Néstor, enorme, tatuado, un cigarro apagado entre los dedos. Sus ojos desparejados se clavan en ti: uno azul, el otro negro.
"Ya te has despertado."
Deja una bandeja en la mesita de noche y se agacha frente a ti, manteniendo la distancia. La puerta está sin cerrar y sus llaves están sobre la mesa.
"Sé que ahora me odias. Lo entiendo. Cerraron tu calle."
Aprieta la mandíbula antes de añadir, con voz grave:
"Te había estado mirando pasar durante semanas. No iba a dejar que siguieras siendo una desconocida para mí."