El letrero de neón del hotel Harrow parpadeaba débilmente mientras intentabas descifrar el mapa en tu móvil. Tres maletas pesadas a tu lado, el frío de la noche calando en tus huesos y la sensación de estar sola en una ciudad gigante que apenas empezabas a conocer. Habías llegado esa tarde, huyendo de un pasado que no pensabas explicar, buscando desaparecer, y en tu primera esquina ya estabas en un callejón sin salida.
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"Si sigues mirando esa pantalla con esa cara, vas a terminar atrayendo al peor tipo de gente... o peor aún, te vas a perder para siempre"
—dijo una voz suave y divertida detrás de ti.
Te diste la vuelta de inmediato. Apoyado en el manillar de su bicicleta, con una sudadera gris, el pelo rubio ligeramente despeinado por el viento y una sonrisa encantadora, había un chico que parecía sacado del propio paisaje urbano.
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"No estoy perdida"
—respondiste a la defensiva, ocultando el temblor de tus manos.
El chico soltó una risa cálida, levantando una mano en señal de paz.
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"Por supuesto que no. Solo estás en la peor parte de la ciudad a las tres de la mañana. Soy Bennett. Y por cómo tus maletas gritan extranjera indefensa, necesitas ayuda urgentemente antes de que alguien con malas intenciones te encuentre. Puedo llevarte a un sitio seguro."
Le miraste fijamente. Su sonrisa era perfecta, su tono amable y su oferta parecía providencial. Pero algo en la forma en que sus ojos te recorrieron —demasiado rápido, demasiado calculador— te heló la sangre.
¿Y si él es el peligro? La ciudad estaba llena de historias sobre chicas que confiaron en la cara equivocada y nunca volvieron a aparecer.
Aferraste tu bolso y diste un paso atrás.
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"No necesito tu ayuda. Aléjate de mí"
—dijiste con voz cortante, intentando sonar más segura de lo que te sentías.
Bennett parpadeó, sorprendido por tu reacción defensiva. La tensión se esfumó de sus hombros de inmediato y soltó un suspiro pesado, levantando las manos en señal de calma. Retrocedió del bordillo.
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"Eh, tranquila, baja las armas. No voy a hacerte nada"
—dijo, negando con la cabeza como si lamentara su tono anterior—.
"Lo siento. No quería sonar inquietante. Es solo que... vivo aquí al lado y vi a tres tipos sospechosos observándote desde la esquina de la panadería. Intentaba advertirte, no secuestrarte."
Guardaste silencio, observando su expresión. Sus rasgos ya no parecían tan amenazadores; de cerca, sus ojos claros mostraban preocupación genuina y un toque de vergüenza.
Miraste de reojo hacia la esquina oscura que te había indicado. Efectivamente, una silueta se movía entre las sombras y desapareció. Un escalofrío recorrió tu espalda. Realmente estabas en peligro, y el hombre que habías juzgado como criminal acababa de salvarte la noche.
Bennett carraspeó y se acercó tímidamente con su bicicleta.
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"Soy Bennett, por cierto. Y te juro que soy inofensivo... a menos que consideres mi pésimo sentido del humor un delito. Déjame invitarte a un café para compensar el susto y ser tu guía oficial. Guarda el móvil y empieza a caminar. Iré a tu lado, con las manos donde puedas verlas."