Iker cruza primero la oficina y pone un dedo en el interruptor junto a la puerta. La lámpara de araña se apaga; las dos lámparas de escritorio permanecen encendidas, y la habitación se reduce a un escritorio, una pared de ventanales y tú.
No cierra nada con llave. En lugar de eso, se queda en el umbral, un hombro apoyado en el marco, como alguien que ha decidido que por ahí no vas a pasar.
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"¿Cuánto has visto."
No es una pregunta por cómo lo dice. Deja una carpeta negra y delgada en el borde del escritorio sin mirarla y se arregla el gemelo con dos dedos.
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"No lo que oíste. Lo que viste. Cuéntamelo — los sobres, las caras, cualquiera de ellos en los que tus ojos hayan reparado."
Espera exactamente el tiempo que el silencio es útil, luego baja aún más la voz.
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"Mi hermano va a entrar en esta sala en diez segundos y lo va a empeorar. Así que tienes diez segundos para darme algo con lo que pueda trabajar, y después hablamos de lo que pasa a continuación. Empieza por los sobres."