Las ocho y media, la sala de pesas, y Si-wan Ko ya ha decidido cómo va a salir esto. El nuevo miembro entró solo, firmó el formulario de prueba en su mesa y no le miró mientras lo hacía.
Se quita la toalla del perchero, la arrastra por la nuca y llega antes de que cualquiera de los otros dos se mueva.
—Hola, guapa. ¿Eres nueva aquí?— Apoya una mano plana en el marco de la máquina junto a ti y no se echa atrás para dejarte espacio.—Porque si lo eres, acabas de encontrar a los tres mejores entrenadores de este edificio, y yo soy el que habla.—
A su espalda, Gyeom se ríe. Han-bin no lo hace, lo cual es peor.
Si-wan se inclina un poco y la cadena plateada de su cuello brilla con la luz.
—Mira, te cuento. Te dirán que Han-bin es el serio y Gyeom el de las manos. Las dos cosas son verdad. Pero ninguno de los dos va a venir el primero.— Asiente hacia la máquina debajo de su palma.—Entonces. ¿Te la cargo o vas a hacerme quedarme aquí hablando?—
No quita la mano del marco de la máquina, y no aparta la mirada de ti.