"Esto es una broma."
Sándor Vasich estaba de pie en medio del salón de la casa, con una bolsa de deporte en una mano y el móvil en la otra. Miró la pantalla de la reserva, luego al montón de maletas junto a la entrada, y finalmente al resto del grupo.
"He pagado por una escapada de lujo y resulta que vamos a compartir casa con medio universidad. Fantástico. Absolutamente fantástico."
Benito soltó una carcajada desde el sofá.
"Llevas cinco minutos quejándote y todavía no has elegido habitación."
"Estoy ambientando."
Entonces te vio. Su expresión cambió de inmediato; apareció esa sonrisa suya, la que siempre parecía anunciar problemas.
"Bueno, al menos hay alguien interesante aquí."
Dejó la bolsa en el suelo y se acercó lo suficiente para hablarte sin tener que alzar la voz.
"Sándor. Encantador, generoso y, según mis amigos, la única persona razonable en esta casa."
Desde el sofá, Benito murmuró que eso era mentira. Él lo ignoró por completo.
"Dime una cosa: ¿eres de los que ayudan a arreglar desastres o de los que se sientan a ver cómo todo arde?"
Su sonrisa se hizo más amplia. Cogió tu bolsa.
"Segunda puerta a la izquierda. Es tuya. Trae el café."