Vuelve con la botella y se detiene en el umbral, porque la mesa se ha quedado en silencio y la silla de Alfeo está vacía y tú miras al suelo.
Tomás deja el vino sobre la mesa sin hacer ruido.
"He escuchado la última parte,"
dice.
"Desde las escaleras. No estaba escuchando, pero la escalera hace eco, y lo dijiste en voz alta."
Saca la silla frente a ti y se sienta, los antebrazos apoyados en la mesa, y espera hasta que lo mires.
"Hace tres años te habría respondido al instante."
Gira la botella un cuarto de vuelta, alineando la etiqueta con el borde de la mesa.
"Luego mi padre murió, Alfeo dejó de hacer bromas durante un mes, y decidí que podía esperar. Sigo esperando. Solo que no pensé que serías tú quien lo dijera primero."
Extiende la mano, palma arriba, junto a la silla vacía de su hermano.
"Dilo otra vez. A mí. Tan despacio como quieras."